El anuncio de que el Gobierno Nacional llevará el tema de las reformas constitucionales al Consejo de la Concertación, es un gran paso para retomar ese acuerdo societario tácito de consultas, diálogos y consensos que ha llevado a Panamá a consolidar su democracia en poco más de dos décadas, a diferencia de lo que ocurre en otras partes de la región.
La Ley 20 de 2008, que crea el Mecanismo de Verificación y Seguimiento de los Acuerdos de la Concertación Nacional para el Desarrollo de Panamá, establece en su artículo 4 que el Consejo de la Concertación tiene entre sus objetivos “servir como espacio de diálogo entre todo los sectores de la sociedad panameña con miras a resolver problemas nacionales relevantes”.
El que Panamá cuente con una instancia política institucional que sirva como espacio de consulta es un verdadero capital a disposición del Gobierno y de la sociedad.
Llevar el tema mencionado al Consejo de la Concertación, no significa que solo sus integrantes y los sectores que representan sean los consultados. El reglamento del Consejo establece que puede crear comisiones o grupos de trabajo, dependiendo de los temas. Esta modalidad operativa puede dar entrada, al proceso de consulta, a importantes sectores que no necesariamente están integrados en el Consejo de la Concertación.
Dicho lo anterior, es importante señalar que debemos evitar confrontar democracia participativa con democracia representativa. El gran desafío de la democracia moderna es volver compatibles la democracia participativa –la consulta, el diálogo, etc.– con la democracia representativa que se expresa a través del Ejecutivo y la Asamblea Nacional, democráticamente electos, el Poder Judicial y otros órganos de supervisión y control, pero también a través de los partidos políticos.
Hay que evitar el atajo de la democracia participativa para erosionar a la democracia representativa. Siempre las instancias constitucionales deben jugar su papel como representantes del pueblo en su conjunto, pero ese papel debe llevarse a cabo con consultas oportunas y amplias.
Organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos tienen papeles complementarios, no sustitutivos entre sí. Estoy convencida de que puede y debe haber complementariedad.
Entre mayor sea la participación ciudadana, más se fortalece la democracia representativa. Este primer ejercicio, en el que se involucra al Consejo de la Concertación como caja de resonancia para un tema tan importante como el de las reformas constitucionales, es un paso apropiado en esa dirección.
De tener buenos resultados, y dada la historia de cultura de diálogo en la sociedad panameña, esa es una expectativa razonable, estaríamos encaminados a ser una vez más ejemplo en la región de una sociedad participativa, donde las grandes decisiones del país se toman con amplios consensos nacionales.
