Dr. Javier Del Rosario Cirujano urólogo
Como mencionamos en el primer artículo (domingo 23), la próstata es asiento de varias enfermedades. Además del cáncer de próstata, existe el crecimiento benigno de la próstata o hiperplasia prostática benigna (HPB), y la prostatitis o inflamación de la próstata.
El crecimiento de la próstata se produce como una respuesta fisiológica de este órgano a la testosterona, hormona producida en su mayor parte por los testículos.
Aproximadamente el 25% de los hombres entre 60 y 69 años presentan un crecimiento de la próstata lo suficientemente significativo como para producirle síntomas.
Si la próstata crece se va a producir una dificultad para que la vejiga vacíe la orina y como consecuencia se va a retener cada vez más orina en la vejiga, lo cual originará los síntomas que caracterizan a este padecimiento.
¿Cuáles son los síntomas de la HPB? Los síntomas más comunes son la disminución de la fuerza y del calibre del chorro urinario, goteo terminal, sensación de vaciado incompleto de la vejiga, chorro urinario intermitente, orinar frecuentemente, necesidad de orinar rápidamente y levantarse varias veces durante la noche para orinar.
Si no se ayuda a que la vejiga vacíe la orina, se puede producir infección de la orina retenida, sangrado, ya sea por la infección o por la ruptura de las venas de la próstata, retención aguda de la orina (imposibilitando que el paciente pueda orinar). También pueden producirse piedras en la vía urinaria, además de que puede dificultarse el vaciado de la orina que viene de los riñones, lo cual producirá daño renal por obstrucción de los mismos.
¿Qué hacer? Si un hombre presenta alguno de estos síntomas, deberá acudir a su urólogo para ser examinado. El médico, a través de una historia clínica y un examen físico, incluyendo el examen prostático, además de ciertas pruebas de laboratorio, podrá determinar la probabilidad de que se trate de una HPB. El urólogo podrá sugerirle ciertas pruebas especiales con el fin de determinar el grado de obstrucción que le produce su próstata; algunas de estas pruebas son: la uroflujometría, un estudio en el que el hombre orina en un recipiente conectado a una computadora, la cual determinará la fuerza y el volumen de orina eliminada. Otro estudio es la cistoscopia, que consiste en introducir un aparato a través del pene para observar la próstata y la vejiga en su interior; y finalmente, estudios radiográficos para evaluar si sus riñones aún no han sido afectados por el crecimiento de la próstata.
¿Cómo se trata la HPB? Existen dos formas de tratar el crecimiento de la próstata: una es a través de medicamentos, y la otra es por medio de cirugía. Entre los medicamentos existen dos tipos: los que producen una relajación de la próstata y el cuello de la vejiga, ayudando a que la orina salga más fácilmente; y los que reducen el tamaño de la próstata. Estos últimos tienen que ser utilizados por largos períodos de tiempo antes de obtener los resultados deseados.
Dentro de las modalidades quirúrgicas existen dos tipos. La primera se conoce como Resección Transuretral de Próstata (RTUP), donde se corta la próstata en pequeños fragmentos, que se extraen a través de la uretra (no se requiere hacer incisiones en la piel para operar al paciente), y la otra forma es la Prostatectomía Abierta, donde se corta la piel y los tejidos hasta llegar a la próstata para ser operada. Cabe recalcar que en ambos tipos de cirugía, solo se extrae la parte de la próstata que está crecida, y por lo tanto, el paciente mantiene a lo largo de su vida el riesgo de desarrollar cáncer en el tejido prostático remanente, debiendo continuar con sus evaluaciones prostáticas anuales.
Finalmente existen las técnicas conocidas como mínimamente invasivas. Estas utilizan diversas modalidades como el láser, calor, microondas o congelación para tratar el crecimiento de la próstata; sin embargo, el éxito de estas técnicas esta aún por evaluarse, aparte de que requieren equipos costosos y de un entrenamiento especial para su aplicación.
