REFLEXIÓN.

El Cristo Negro de Portobelo

Mucho se habla, se canta y se escribe acerca de Jesús Nazareno de Portobelo; mi reflexión en esta ocasión no va dirigida a la imagen, sino a lo que representa.

Una devoción religiosa como la que nos ocupa puede desviarse cuando nos concentramos en el objeto como un fin en sí mismo y no como un medio; es decir, cuando atribuimos a la imagen o a cualquier otra pieza religiosa, poderes casi mágicos o sobrenaturales; esto sencillamente se llama fetichismo.

Para la fe católica la devoción a la imagen va orientada a esa dirección. Las imágenes y las reliquias nos llevan por el acto de fe a la trascendencia de lo divino. Inspiran nuestras oraciones como lo puede hacer la buena música que entonamos o escuchamos.

Muchos consideramos que la imagen del Cristo Negro de Portobelo no es una talla que muestre un buen rostro: sus ojos están como desorbitados y sus facciones son de un tono negro, pero más bien pálido. Sin embargo, tenemos que reconocer que hay una atracción más allá de lo artístico que cautiva e inspira a los devotos. ¿Qué puede inspirar esa fe? El testimonio de aquellos que en el pasado y en el presente se vieron favorecidos por alguna gracia particular.

Veamos un ejemplo: muchos de los que en nuestra adolescencia cantábamos y bailábamos con la música del "Salsero Mayor", Ismael Rivera, recordamos que nos era un poco extraña la combinación del mundo de la farándula y el espectáculo con el testimonio de fe en él. Rivera no era un hombre religioso, pero como él mismo lo interpreta en la canción que dio a conocer al Nazareno de Portobelo en el exterior, tuvo una experiencia con el Señor: "Yo estaba en un bacilón (bis), fui a ver lo que sucedía, cuando más me divertía y esperaba bacilar, no sé de dónde una voz vine a escuchar. ¡Qué expresión tiene tu rostro! Se refleja en la alegría, de estar rodeado de tanta hipocresía. Es el Nazareno el que da consejos buenos. A quién, no mires a quién, dale la mano al caído y si acaso yo malo he sido, dame la mano también".

¿Qué fue lo que ocurrió en el alma del llamado "Brujo de Borinquen"? No lo sabemos. Lo cierto es que no dejó, desde aquel primer encuentro, de ser uno de los peregrinos que más impactaba a la gente, sobre todo a los del bajo mundo.

De hecho, no es sin razón que suele identificarse al Cristo de Portobelo como al "Cristo de los Maleantes", dado el gran número de delincuentes -probados o presuntos- que le demuestran su devoción año tras año ¿Pero acaso no acusan a Jesús en el Evangelio de ser amigo de ladrones y prostitutas, y se nos dice de estos últimos que llevan ventaja en el Reino de los Cielos?

La tarea de la Iglesia es acompañar y purificar, no la de suprimir. Si Dios permite este medio para atraer a las almas, pidamos entonces al Nazareno por nuestro Panamá.

Qué descriptivo y realista fue Ismael Rivera: "Estar rodeado (el Nazareno) de tanta hipocresía". El trigo y la cizaña crecen juntos, pero solo Dios tiene derecho de separar el uno del otro. Que el corrupto deje la corrupción, el mentiroso la mentira, el ladrón que ya no robe, el mal político que se enmiende, porque todos daremos cuentas al Eterno un día.

Solo de esta manera las peregrinaciones al Cristo Negro de Portobelo lograrán su cometido.

Jesús Nazareno, haz mi corazón cada día más semejante al tuyo.


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