La calidad de vida es la medida del éxito de un país. El progreso económico y político no sirve de mucho, si no mejora el entorno de la gente. El éxito del desarrollo se mide por la capacidad de las personas para sentirse seguras en su barrio, vivir con dignidad en su casa, transportarse con rapidez a su trabajo y gozar de tiempo libre para la cultura, los deportes y la recreación.
Hay que construir un Panamá en el que todos podamos vivir mejor, esto es: aplicar planes adecuados contra la delincuencia, que apuesten a la prevención y resocialización; un sistema de transporte público moderno y eficiente, que agilice el acceso de los ciudadanos a su lugar de trabajo, y multiplicar esfuerzos para construir casas y departamentos de mejor calidad, igual que barrios dignos. Los panameños tenemos derecho a vivir en comunidades seguras, iluminadas, con áreas verdes y espacios públicos para el deporte y las actividades al aire libre.
La calidad de vida de todos mejorará mediante políticas públicas creativas y responsables; mediante el impulso de un enfoque global que tenga en cuenta los espacios que la gente habita, y mediante la asociación entre el Estado, los gobiernos locales, el sector privado y la ciudadanía. Hay que poner especial atención a la coordinación de las políticas de vivienda, transporte, infraestructura, seguridad y deporte. No es hacer por hacer. Como país, debemos tener el objetivo, claro y eficaz, de construir territorios de oportunidades y ciudades más amables, dignas, bellas y seguras.
Una buena ciudad significa calidad de vida. Latinoamérica se distingue por sus ciudades caóticas, ruidosas, contaminadas, segmentadas en barrios para ricos y para pobres. No queremos eso en Panamá. Una planificación urbana, con el aporte de todos, permitiría regular la expansión descontrolada de las urbes y evitar que las empresas queden a una hora o más de donde viven los trabajadores. Una buena política urbana crea ciudades integradas y limita la contaminación acústica, visual y ambiental.
Para el desarrollo del país y el progreso de la población, necesitamos políticas habitacionales y urbanas que aseguren una mejor calidad de vida para la gente y sus barrios, que fomenten la integración y reduzcan la desigualdad.
Tenemos la responsabilidad de recuperar muchos barrios en el interior de la república que no tienen acceso a energía eléctrica, agua o a un parque. A través de programas, con la participación de todos los actores, se pueden generar planes de ayuda, con financiamiento compartido entre el Ministerio de la Vivienda, gobiernos locales, la empresa privada y la comunidad. Estos compromisos requieren de un país dinámico que crea empleos de calidad, capacita, emprende e innova. Una sociedad donde los desafíos del crecimiento demandan no solo eficiencia, sino el acuerdo político y humano con inclusión y sustentabilidad y, también, un país que trabaje para que la dignidad y el respeto de los derechos sean la regla. Esa es la sociedad que juntos hemos imaginado y podemos lograr.
