Para sus doctores, Timothy Ray Brown fue un intento a ciegas. Un estadounidense VIH positivo se curó gracias a un tipo único de trasplante de médula ósea, el hombre conocido como “el paciente de Berlín” se ha convertido en un ícono de lo que los científicos esperan que sea la próxima fase de la epidemia del sida: su final.
Los drásticos avances científicos desde que el VIH fue descubierto hace 30 años hacen que el virus ya no sea una sentencia de muerte.
Gracias a análisis que detectan el VIH de forma temprana, nuevos medicamentos antirretrovirales contra el sida que pueden controlar el virus durante décadas y a una serie de formas de impedir que se propague, 34 millones de personas de todo el mundo están aprendiendo a vivir con VIH.
Personas como Vuyiseka Dubula, una activista de la lucha contra el sida y madre VIH positivo de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, pueden esperar tener vidas relativamente normales y plenas.
La atención de los pacientes con VIH solo en países en desarrollo ya cuesta alrededor de 13 mil millones de dólares al año y esta cifra podría triplicarse en los próximos 20 años. Hoy, poco más de los cinco millones de las 12 millones de personas que necesitan los medicamentos realmente lo reciben.
