El Departamento Estadounidense Antidrogas (DEA) se transformó en una organización mundial de inteligencia, con un alcance que se extiende mucho más allá de los narcóticos, y con una operación de escucha tan expansiva que tiene que eludir a políticos extranjeros que quieren usarla contra sus enemigos políticos, según los cables diplomáticos secretos.
A muchísimo más detalle del que se había visto antes, los cables, del conjunto obtenido por WikiLeaks y puestos a disposición de algunas agencias informativas, proporcionan vistazos de agentes antidrogas que equilibran la diplomacia con el imperio de la ley en lugares donde puede ser difícil diferenciar a los políticos de los narcotraficantes, y donde las bandas son en sí mismas mini Estados cuya riqueza y violencia les permiten actuar con brutalidad por encima de los gobiernos agobiados. En Panamá, el Presidente envió un mensaje urgente con su blackberry a la embajadora estadounidense para demandar que la DEA persiguiera a sus enemigos políticos: “Necesito ayuda para intervenir teléfonos”.
En Sierra Leona se estuvo a punto de invalidar un importante proceso jurídico por tráfico de cocaína debido al intento del fiscal general para solicitar 2.5 millones de dólares en sobornos.
En Guinea, resultó que el mayor líder del narcotráfico era el hijo del presidente, y diplomáticos descubrieron que antes de que la policía destruyera un decomiso enorme de narcóticos, se sustituyó la droga con harina.
Líderes de las atribuladas Fuerzas Armadas de México emitieron una petición privada para una colaboración más estrecha con la dependencia antinarcóticos, y confesaron que tenían poca confianza en las fuerzas policiales del país.
Cables de Myanmar, el blanco de estrictas sanciones estadounidenses, describen que los informantes de la dependencia antinarcóticos reportaban tanto sobre cómo la junta militar se enriquecía con dinero de las drogas como sobre las actividades políticas de los oponentes a ella.
Funcionarios de la DEA y del Departamento de Estado declinaron hablar sobre lo que dijeron es información que nunca debió haberse revelado. Como muchos de los cables dados a conocer en las últimas semanas, aquellos en los que se describe la guerra contra el narcotráfico no proporcionan grandes revelaciones.
Más bien, son los detalles los que conforman un panorama más claro de la influencia corruptiva de los grandes narcotraficantes, el juego engañoso de dilucidar cuáles funcionarios extranjeros realmente están controlados por ellos, y la historia de cómo un organismo emprendedor que operaba a la sombra del FBI se ha convertido en algo más que una dependencia antinarcóticos. La DEA ahora tiene 87 oficinas en 63 países y asociaciones estrechas con gobiernos que mantienen a distancia al Departamento CIA.