Dos puntos llaman mi atención en el anteproyecto de Ley Integral De Salud Sexual y Reproductiva, elaborado por la Comisión Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del Minsa junto con la Alianza del Movimiento de Mujeres, otras organizaciones y personas. El primero es la mención siete veces del concepto dignidad humana y el otro, la aceptación dos veces de la espiritualidad como elemento constitutivo del hombre.
¿Qué significado le dan los autores del anteproyecto al concepto dignidad humana? ¿Realmente comprenden el significado de la espiritualidad? Dignidad viene del latín dignitates y del griego axiomata y en palabras de Millán Puelles, "son verdades objetivamente irreductibles, las que valen en sí, sin posibilidad de mediación". Somos dignos porque somos personas, no una cosa. La persona tiene un cuerpo y un espíritu que le permite razonar, ejercer su voluntad, amar más allá del mero placer, y que le interroga acerca del significado de la vida y brinda una esperanza más allá de lo terrenal. Me parece que este anteproyecto no defiende este concepto de dignidad humana, ni comprende el significado de espiritualidad.
Ambos se usan en el anteproyecto de forma ambigua, confusa y desorientadora. Iniciando en el siglo XVI con Descartes y continuando con Kant, Rousseau y otros se ha llegado a establecer una concepción equivocada dualista de la dignidad, que la reduce a mera autonomía y racionalidad. Aquí el hombre es dueño y señor de la naturaleza, incluyendo la suya propia, lo verdadero es la materia y lo experimentable. No hay una verdad objetiva ni un orden moral natural. La dignidad deja de ser un principio para convertirse en un derecho humano más, el de decidir según mi criterio o según el acuerdo consensuado por una minoría, hecho ley algunas veces, y que obliga bajo sanciones civiles o penales.
Creo que este es el significado de dignidad humana plasmado en el anteproyecto: el de ser un derecho que permita el indebido, indigno, irrespetuoso e inmoral uso de la sexualidad so pretexto de mejorar la salud sexual y reproductiva. Permitiría a menores sin la guía y supervisión de sus padres, ejercer su "dignidad", decidiendo cuándo, cómo, dónde y con quiénes tener sexo, con una falsa seguridad de protección con preservativos, anticonceptivos, microabortivos. Se les instruiría en que ser "dignos" es tener la posibilidad desde niños de escoger tu "género", ya que el sexo es una invención cultural, puedes ser del sexo masculino, femenino, bisexual, transexual, heterosexual, homosexual, etc.
El auténtico respeto de la dignidad humana en materia de sexualidad requiere de conocer su verdadera finalidad: el de unir para siempre a un hombre y a una mujer, no solo por medio de un acto sexual, pero sobre todo ejercitando el amor, que es servicio, sacrificio, donación; y el de procrear hijos, formándolos en una familia. Para lograr las metas de este anteproyecto: disminución de adolescentes embarazadas, de las infecciones, prevención de ataques sexuales a niños y adolescentes, y otros, no es suficiente una ley que irrespete la dignidad de la persona. Es necesaria la participación de toda la sociedad con el ingrediente común de conocer y proteger la verdadera dignidad de la persona.