[ECONOMÍA]

Déficit de liderazgo en Europa

Los dirigentes europeos aún no logran enfrentar, o siquiera reconocer plenamente, la magnitud y urgencia de la crisis financiera de Europa. Necesitan idear rápidamente un paquete de refinanciamiento y reforma que sea suficientemente grande para apaciguar a nerviosos mercados de crédito en Portugal, España y más allá, sin sofocar el crecimiento futuro.

Mientras más lo nieguen y evadan los líderes europeos, mayor el riesgo de que inversionistas en una ola de pánico pudieran desatar una reacción en cadena de incumplimientos y caídas de bancos que podría fracturar a la zona del euro, que abarca a 16 países.

La peor trasgresora ha sido Angela Merkel, la canciller alemana que está demostrando, una vez más, que es cautiva de sondeos de opinión en vez de la audaz líder de la mayor economía de Europa. Esta semana, rechazó peticiones de algunos de los principales funcionarios europeos en el área de finanzas para incrementar el tamaño de un fondo de intervención del mercado, creado en el año que la magnitud de la deuda soberana de Europa y sus problemas bancarios parecían mucho menores.

Merkel no es la única que está fallando. Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo, se ha mostrado errático e indeciso. Herman Van Rompuy, en la presidencia del Consejo Europeo creado el año pasado para suministrar un firme liderazgo, no ha proporcionado liderazgo ni en lo más mínimo.

La solución no está en expulsar a economías más débiles del euro. Un súper euro, fuerte, centrado en el norte de Europa, sofocaría la competitividad de Alemania en exportaciones al tiempo que volvería incluso más caros los pagos a la deuda denominada en euros para países del Mediterráneo en aprietos. Estados Unidos también tiene mucho en juego. Si bien los bancos aquí están menos expuestos a la riesgosa deuda de Europa que sus contrapartes trasatlánticos, la recuperación de este país depende de incrementar el comercio con una Europa económicamente saludable y políticamente estable.

Las semillas de la crisis fueron plantadas hace una década, cuando Europa lanzó un ambicioso proyecto de unión monetaria sin medios para hacer valer la disciplina fiscal sobre los participantes. Pero, una década de historia, así como decenas de miles de contratos redactados en euros, no pueden desaparecer por arte de magia. Europa necesita avanzar hacia un euro sustentable, no volver a los días de divisas en competencia.

Para que eso ocurra, necesita un fondo de intervención suficientemente grande para dominar a mercados en pánico. Y necesita darles suficiente tiempo a los países que reciben rescates para que hagan los ajustes fiscales que hagan falta. Si sofocan el crecimiento con draconianos programas de austeridad, nunca reducirían sus deudas.

Para algunos países, un eficaz plan de rescate también tendrá que incluir reestructuraciones de deuda; para que las pérdidas ocasionadas por el mal juicio de banqueros y defectuosos políticas económicas de gobiernos no recaigan sobre los que menos pueden darse el lujo de pagarlas. Todas estas ideas ya están sobre la mesa. Ahora, Europa requiere de un líder que impulse el plan.

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