[CASO CUBANO]

Dejen ese embargo cual está

La política cubana de Washington, que ha sido la misma desde la década de 1960, de ninguna manera se puede decir que haya fracasado, todo lo contrario, ha sido un éxito total.

En todavía sus pininos como secretaria de Estado, Hillary Clinton declaró que la política estadounidense hacia Cuba fracasó. Nadie puede saber qué estaba pensando, pero a buen seguro no en lo que han sido las relaciones Cuba–Estados Unidos últimamente.

Quizá tenía en mente los comentarios de Sarkozy sobre Barack Obama. O la renuencia de la OTAN de involucrarse más en Afganistán. O a Pakistán, que se desmorona. O la expulsión de Corea del Norte de los inspectores nucleares. O la fiesta en Irán porque ya no necesita ayuda para llegar adonde pretende en su programa atómico. O el problema de Israel y un posible Estado palestino. O un nuevo convenio sobre misiles intercontinentales con Rusia ahora que vence el actual. O en cómo contener a los descarados chinos que, no contentos con poseer la mayor cantidad de dólares del mundo, están multiplicando su poderío militar desaforadamente. O cómo hacer frente a los piratas somalíes...

Lo anterior no agota los eventos peligrosos que enfrentan Barack Obama y Hillary Clinton, pero explica que la neófita secretaria de Estado soltara algún sinsentido como ese de que la política norteamericana hacia Cuba ha fracasado. ¿De dónde sacó semejante dislate? Lo que hizo la pobre fue repetir las infamias que parten de La Habana y repiten como loros esos supuestos partidarios del diálogo interamericano. Pero hay razones de peso para no desmembrar el embargo.

Económicas, jurídicas y morales. Porque el embargo no se enderezó a derrocar a una satrapía, sino a castigar al ladrón desvergonzado que se apoderó de toda la riqueza norteamericana en Cuba. ¿A dónde van los ladrones? A la cárcel. ¿Y los asesinos? A la silla eléctrica. ¿Y los ladrones asesinos? Bueno, cuando están al frente de un país hay que tener consideración no por ellos, sino por sus súbditos. Y eso fue lo que hizo Estados Unidos con el ladrón asesino de Cuba, dejar la isla ahí, en salmuera. Claro que mejor hubiera sido despachar a Castro como a Noriega, el narcotraficante panameño, o a Hussein, el asesino iraquí. Bien, no se hizo por hache o por be y no seré yo el que reviva la discusión ahora. Ahora, el ladrón asesino de Fidel estas son las horas que no ha pagado lo que debe. ¿En virtud de qué principio económico, jurídico o moral habría que premiar su mal proceder y su inhumanidad dándole chocolate y condonándole las deudas? Y peor, ¿propiciar nuevas deudas que sabemos no pagará jamás?

De relaciones públicas. El trabajo fidelista previo a la Quinta Cumbre fue excelente. El cotarro subregional demandó que Estados Unidos rescatara a Cuba, una isla que pasó de país en tránsito del subdesarrollo al desarrollo cuando Castro la secuestró a plantación al nivel de Haití. Pero la petición no tiene sentido en las relaciones interhemisféricas. La administración anterior dejó de hacer peticiones a las naciones del continente excepto que caminaran hacia las elecciones y la democracia, cosas que todas hicieron salvo Cuba (aunque a algunas el sendero se les está torciendo a pasos agigantados). Si la administración de Obama se reafirma en ese mínimo requerimiento, ¿por qué pretender que Cuba se lo salte? Y además, si al fin hemos llegado al punto en que Estados Unidos renuncia a decir a los países hermanos lo que tienen que hacer, ¿qué derecho ese puñado de naciones hermanas inefectivas, torcidas o fallidas tiene de decir a Estados Unidos lo que debe hacer, en este caso reconocer como igual a la mafia terrorista cubana?

De ganancia práctica. La política cubana de Washington, que ha sido la misma desde la década de 1960, de ninguna manera se puede decir que haya fracasado, todo lo contrario, ha sido un éxito total. En primerísimo lugar contribuyó a quebrar a la Unión Soviética, el principal enemigo de Estados Unidos, ¿y habrá quien considere que ese es un logro magro? Más recientemente está contribuyendo a vaciar las arcas, menguantes por el precio del petróleo, de Hugo Chávez, el demente que no regatea en compras de equipo militar a Rusia, ni de voluntades continentales para sumarlas al coro antinorteamericano, ni de alianzas extracontinentales con los peores enemigos de la libertad, los iraníes, los sirios y otros por el estilo.

Resumiendo, la política americana hacia Cuba de fracasada no tiene nada, la verdad es exactamente la opuesta. El embargo tendrá que removerse en algún momento aunque no sea sino porque los empobrecidos cubanos gracias al castrismo se han quedado a la cuarta pregunta. Pero de ninguna manera deberá removerse ahora, cuando sigue al mando en la desgraciada isla –y sería quien se beneficiaría– el desgraciado que la desgració.


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