Gracias a Dios por Hernando de Soto, economista peruano, autor de El otro sendero y el Misterio del capital, a quien me gusta reconocer como el descubridor de los pobres en Latinoamérica. Con la obra del señor de Soto es que la vida de los pobres empieza a tener sentido sustituyendo el mito del "noble salvaje", por el de personas que trabajan y luchan como cualquiera de nosotros en el plano económico, pero que por alguna razón nuestra sociedad les ha impedido dar el salto cuántico de aquella "economía informal" en la que viven, a la economía formal, especializada y rica en la cual se fundamenta el progreso.
Sin embargo, el señor de Soto fue más allá, y en vez de ponerse a ver la causa de la pobreza (que al fin y al
Volviendo al modelo de la junta de embarre, podremos darnos cuenta de que al fin y al cabo ese es un ente formado por cientos de contratos implícitos y explícitos que hay en una comunidad saludable. Esto aplica de la misma manera a una gigantesca corporación, con la única diferencia que aquí los contratos se hacen mucho más complejos y abstractos, ya que tienen que ver con bienes intangibles pero igualmente valiosos. En una economía de mercado, todos estos contratos serán voluntarios, sujetos solo a la reciprocidad producto del bienestar común. En una economía abierta y desregulada, los pobres pueden ser empresarios. Inclusive, en la mayoría de los casos, son los pobres los que crean trabajo para otros pobres. El problema es que cuando ellos alcanzan un más alto nivel de especialización, rápidamente se estrellan con esa compleja tramoya de leyes y regulaciones impuestas por el Estado que permanentemente les impide formalizar su situación y llegar a alcanzar las economías de escala necesarias para salir del estado de pobreza. Lo que este vacío de formalidad crea son comunidades disfuncionales, muchas veces controladas por mafias de violentos, quienes llenan este espacio: nuestros barrios marginales.
Por ejemplo: si dejamos a los socios de la junta de embarre continuar hasta especializarse en el oficio y construir muchas casas baratas, no pasará mucho tiempo antes de que alguien los demande ante el Ministerio de Trabajo por salarios, prestaciones o cualquier otra locura, lo que dará al traste con los beneficios de pobres trabajando para pobres. He allí el problema.
La solución está en terminar con leyes asfixiantes que arruinan a los pobres y hacer que lo pobres se contraten mutuamente, se asocien y especialicen dentro del mismo marco que el resto de la sociedad, haciendo las leyes simples y de aplicación general. O sea que la próxima vez que pensemos en el sector empresarial, no solo pensemos en aquellos encopetados dirigentes de las diferentes cámaras empresariales. Pensemos en el campesino, en el vendedor de chicha, en la costurera, etc. que al final, aunque usted no lo crea, constituyen la mayoría de los empresarios y la mayoría de los pobres.
