George Nolfi pasó de las filas de los guionistas a la integrada por los directores con el thriller romántico de ciencia ficción Los agentes del destino (The Adjustment Bureau en el inglés original).
El co-autor de la trilogía fílmica del agente Jason Bourne se inspira en su debut en el cuento Equipo de ajuste del siempre genial escritor Phillip K. Dick.
Los agentes del destino (en otros territorios le pusieron un poquito más funcional Destino oculto) sigue una línea que en el pasado el cine estadounidense ha planteado en títulos como Matrix, y más recientemente en Inception y Source Code, sobre si el destino lo elige uno o alguien externo decide por nosotros.
Lo que pudo ser una rica exploración sobre el porvenir, uno de los temas preferidos de la ciencia ficción literaria y cinematográfica, Los agentes del destino lo desaprovecha por completo porque se deja llevar por lo más fácil y complaciente para la audiencia: una historia de amor válida, pero cuyo planteamiento es tan cursi que le resta fuerza dramática a una historia que daba para mucho más, pero que su director (inducido quizás por sus productores) prefirió no arriesgarse demasiado y se fue por lo más comercial: que el amor todo lo vence.
A pesar de irse por el romance uno sí queda preocupado que el destino se parezca a una oficina gubernamental en la que la burocracia rancia sea la que lleve el timón de cada quien, aunque si uno ve cómo nuestros presidentes istmeños hacen casi lo que quieran con nosotros los ciudadanos, quiere decir que Philip K. Dick sabía más de política criolla de lo que dejaba entrever.
Si bien Los agentes del destino es una versión bastante libre (aquí libertad es sinónimo de desacierto y no de aporte) de Equipo de Ajuste, una de las primeras narraciones de Dick, sí hay algo de esos temas que siempre le interesaron al querido autor norteño: la paranoia de que alguien poderoso te quiere fregar la existencia cada vez que puede, que son incontables los abusos de la autoridad hacia los más débiles y la ansiedad de la vida contemporánea te lleva a un lugar cercano a la locura.
Por otro lado, en términos estrictamente interpretativos, Matt Damon y Emily Blunt proponen un sentimiento creíble en la pantalla y su desempeño es destacable como destacable es la eficaz puesta en escena que George Nolfi imprime a esta producción sobre un político con futuro (Damon) que se enamora de una bailarina (Blunt), cuya atracción está determinada por fuerzas externas de ambos.

