Hay una gran diferencia entre la felicidad y la paz temporal, y la felicidad y la paz que se obtienen a través del desarrollo y progreso espiritual. Por felicidad y paz temporal nos referimos a las que se obtienen recibiendo algún logro temporal: por ejemplo, en términos de riqueza material, o reconocimiento o alabanzas por parte de otras personas.
La felicidad y la paz temporal son visibles durante un corto tiempo en las facciones de aquéllos que tienen logros temporales. Sin embargo, la felicidad y la paz espiritual son duraderas y estables, y las vibraciones de la felicidad y la paz espiritual también llegan a las demás almas. Son contagiosas. Las otras personas que nos rodean experimentan paz y poder. De la misma forma como un árbol lleno de frutas proporciona a través de su sombra una experiencia temporal de frescor, y los que se cobijan en ella se ponen felices, de la misma forma, las almas que están llenas del fruto de la felicidad por los logros espirituales, dan a los demás la experiencia de paz y bienestar. Como los rayos del sol, las vibraciones de felicidad nos hacen olvidar la atmósfera reinante, las personas lo convierten todo en una experiencia de verdadera paz y felicidad espirituales.
En el presente, las personas que carecen de conocimiento espiritual gastan mucho dinero a fin de permanecer felices en sus vidas. ¿Y cuánto se necesita gastar para desarrollar la felicidad espiritual? Sin ningún gasto, la espiritualidad nos regala la experiencia de una felicidad serena y estable, un estado de la mente que nos acompaña interiormente y que colorea positivamente todas nuestras acciones. Actuamos desde la experiencia de esa felicidad y de esa paz sutil y hermosa que surge de nuestra naturaleza divina.
Para permanecer felices y en paz con nosotros mismos o con nosotras mismas, debemos recordar siempre la lección de "¿Quién soy yo?". Soy un ser espiritual lleno de riqueza y tesoros espirituales. La clave está en reconocer estos logros internos y usarlos de la forma correcta, de lo contrario es como si no los tuviéramos.
A través del vínculo sutil que nuestra alma establece con el Ser Supremo en la meditación, podemos llenarnos de logros espirituales y después cultivarlos en el campo de la acción. Es en nuestras circunstancias y acciones donde realmente se fortalecen y desarrollan nuestras virtudes y capacidades internas.
A fin de permanecer felices y en paz es esencial recordar un principio universal: cada persona tiene una especialidad u otra. Necesitamos descubrir cuál es nuestra especialidad, nuestras fortalezas y usarlas para nuestro beneficio y para beneficiar a los demás y, así, permanecer contentos y contentas con ella. Este es uno de los secretos de la felicidad y de la paz: aprender a valorarnos y amarnos reconociendo nuestros logros y especialidades.
Pero especialmente, tenemos que preservarnos de dos ladrones de la felicidad y de la paz: Compararnos con los demás y desanimarnos a través de los pensamientos débiles de otras personas. Cuando nos comparamos con los demás pueden surgir sentimientos de celos. Detrás de los celos están los pensamientos débiles de otras personas, están los deseos y la avaricia y la persona con deseos y con avaricia, nunca puede progresar en el camino espiritual.

