[CRISIS INTERNACIONAL]

¿Y Dios dónde está?

No hace tanto Rodríguez Zapatero clamaba ante españoles que el reino estaba a salvo frente a la crisis financiera de Estados Unidos. Respecto a España se negaba a pronunciar la palabra crisis.

Hace unos días la presidenta Cristina Fernández de Kirchner habló ante el Congreso argentino de los logros económicos del gobierno de su marido, Néstor, y advirtió que ahora había problemas por causa de la crisis internacional. No reparó en que los “logros” fueron consecuencia de los buenos vientos (precios de las materias primas) que soplaban desde afuera (léase internacional). Como siempre, la culpa la tuvo el otro.

¿Creerá la presidenta Kirchner que los argentinos no se dan cuenta? ¿Creerá que son tontos?

Y qué decir de los ministros cubanos (ya no más) Carlos Lage y Felipe Pérez Roque. Eran caras y voceros de primera línea de la revolución. ¿Hay que descreer, entonces, de todo lo que decían y dijeron? Según Fidel a estos jóvenes “la miel del poder” … “despertó en ellos ambiciones, que condujeron a un papel indigno”. Casos claros de corrupción. Parece que Fidel, al igual que Zapatero, se niega a pronunciar ciertas palabras. Es que corrupción solo puede existir en las sociedades liberales y capitalistas. ¿O no?

Los brasileros tienen cierta tendencia a exagerar. Sin ir muy lejos, hace muy poco, el presidente Lula aseguró que “Dios es brasilero”. Ha dicho, además, que Brasil estaba protegido respecto a la crisis. ¿Sería por esa razón? Sin embargo, como en otros lados, comienzan a aparecer los síntomas. La fábrica de aviones Embraer, por ejemplo, ha anunciado el despido de 4 mil 270 empleados. Ninguno de los que están en esa lista ahora se cree eso de que Brasil está protegido y se preguntan ¿dónde está Dios, que no aparece?

El que apareció fue Lula, que intervino en el tema pidiendo explicaciones a la empresa. Lo de ésta es muy simple, no hay demanda, bajaron los pedidos y entra menos dinero. La razón del artillero: hay que reducir personal porque no hay qué hacer ni con qué pagarles.

Se trata de la crisis. De la recesión, para lo que no sirve engañar y autoengañarse, ni el voluntarismo y mucho menos la soberbia.

Lamentablemente lo que hay que hacer es apretarse el cinturón. Esto no es fácil decirlo y menos que se lo crean o se lo acepten a aquellos que se ufanaban de sus éxitos económicos, repartían plata a manos llenas, compraban votos y simpatías y financiaban militantes con fondos públicos, corrompiendo las bases de la democracia, y que manejaban irresponsablemente los beneficios que les aparejaba el momento sin tomar ninguna prevención ante eventuales épocas malas (las de ahora). Que hayan actuado así fue por decisión, o en el mejor de los casos por ignorancia propia.

No es creíble ni sirve ahora cargar al sistema financiero internacional, al neoliberalismo o lo que sea y, por supuesto, a la prensa, sus propias culpas. Lo grave es que lo van a hacer y lo están haciendo.

La recesión ojalá que solo sea económica. Pero todo huele a que no solo habrá pérdidas en la economía, sino que se perderán otras conquistas mucho más valiosas como libertades y derechos, las que por otra parte, ya mostraban ciertos retrocesos a raíz del avasallamiento y desconocimiento (aunque la Carta Democrática de la OEA no lo registre) de principios y prácticas básicas que hacen a la democracia.

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