Carlota piensa que su esposo la dejó de amar, ya que hace meses que él no la busca en la intimidad. Ella recuerda que el cambio de Raúl se dio de forma gradual y que sus relaciones sexuales se iban haciendo cada vez más espaciadas y menos satisfactorias para ambos. Por eso está casi segura de que él tiene una amante.
Sin embargo, contrario a lo que piensa Carlota, Raúl no le es infiel: él padece de lo que los médicos denominan disfunción eréctil o incapacidad persistente para lograr o mantener una erección.
Este ejemplo recrea las inseguridades que experimentan las mujeres cuyas parejas sufren de impotencia, término que hoy día los especialistas prefieren denominar disfunción eréctil para abarcar desde la eyaculación precoz hasta las erecciones incompletas.
El urólogo guatemalteco Jorge Guzmán explica que este problema es más común de lo que se piensa. Solo en Estados Unidos afecta al 50% de los varones menores de 65 años de edad; es decir, a uno de cada dos hombres entre los 40 años y los 65 años de edad, y a siete de cada 10 varones mayores de 65 años.
Guzmán señala que conocer las causas del problema suele ser complejo, porque la erección normal del miembro masculino es el resultado final de un proceso que involucra cambios vasculares, neurológicos, psicógenos y hormonales.
Agrega que la erección es un evento hidráulico que es disparado por uno de dos eventos: reflexogénico, o estímulo directo de los genitales, y psicogénico, estímulo del cerebro.
No obstante, explica que en algunos hombres la disfunción puede incluir ambos eventos.
