Oscar Wilde, uno de los más grandes escritores de la historia, ha tenido mucha suerte con el cine y la televisión.
Entre 1908 y 2011 se han realizado más de 180 producciones (principalmente procedentes de Estados Unidos) sobre sus obras de acuerdo a cifras del sitio web imdb.com.
Sin contar más de una docena de películas que se inspiran en la vida de este singular novelista, poeta y dramaturgo que nació en octubre de 1854 en Dublín (Irlanda) y que murió en noviembre de 1900 en París.
Tenía solo 46 años cuando cerró sus ojos para siempre.
Una de las piezas de Oscar Wilde que ha sido de las preferidas por la industria del entretenimiento ha sido El Retrato de Dorian Gray.
Esa novela la publicó originalmente en junio de 1890 en las páginas del Lippincott’s Monthly Magazine.
Fue tal el alboroto que se formó por esta pieza clásica del género del terror, que el autor decidió quitarle y ponerle más argumento.
El resultado de ese proceso de pulir fue un libro, con un número mayor de capítulos que la primera versión, que llegó a las librerías en abril de 1891.
La historia del joven Dorian Gray fue polémica desde el día uno, gracias a que narraba cómo un hombre refinado y adinerado, en su afán de ser bello por siempre, vende su alma con tal de que nunca envejezca y que el paso del tiempo se refleje sobre un cuadro suyo.
Pero ese deseo de ser hermoso para toda la eternidad lo hace perder la razón y comienza a ser responsable de más de un acto impúdico y peligroso hasta que le viene el castigo definitivo: morir y sin su lindura.
Aunque esa trama causó impacto en la hedonista sociedad de su época, no fue hasta 1910 cuando el séptimo arte la tomó en cuenta para hacer un cortometraje en blanco y negro y silente.
Desde 1910, y hasta la actualidad, se han realizado 15 producciones, entre películas para la pantalla grande como para la chica, basadas en El Retrato de Dorian Gray según datos de la página filmaffinity.com.
Ahora nos llega, y bastante tarde, una liviana y menor producción inglesa firmada en 2009 por Oliver Parker, un director irresponsable que ya en el pasado ha cometido el crimen de trasladar al cine otras dos piezas claves del imaginario de Oscar Wilde: Un marido ideal (1999) y La importancia de llamarse Ernesto (2002).
De ser posible, compre el libro y verá que es mucho mejor que lo hecho por Parker, quien hace una película ridícula, sin sentido y superficialmente interesante.

