CRISIS.

Educación: Cantidad sin calidad

Con este preocupante título, el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (Preal), proyecto regional promovido por organismos de financiamiento educativo nos advierte sobre la realidad que se vive actualmente en el escenario latinoamericano.

Una revisión analítica de sus 43 páginas revela los progresos, deficiencias y paradojas de los sistemas educativos en la región. Una de sus primeras conclusiones apunta a señalar que "América Latina ha aumentado significativamente el gasto público en educación y ha logrado la inclusión de un mayor número de niños en el sistema escolar. Durante la década pasada el porcentaje de niños que ingresaron y terminaron la educación primaria y secundaria aumentó más rápidamente en América Latina que en otra parte del mundo. Este es un logro significativo y refleja el compromiso de sucesivos gobiernos por ampliar la cobertura de educación básica alcanzando la mayor cantidad posible de niños".

Se destaca además que la región no ha logrado casi ningún progreso en el mejoramiento del aprendizaje y en la reducción de la desigualdad en sus escuelas.

El fenómeno se atribuye a que la mayoría de los gobiernos (Panamá no escapa a esta realidad), prefieren invertir su presupuesto en los insumos en lugar de los resultados y se mide el "éxito" fundamentalmente en función de los incrementos de la matrícula, el gasto en construcción y reparación de escuelas, en vez de medirlo en términos de aprendizaje de los estudiantes. Todos estos son insumos, ninguno es producto.

En Panamá, debemos recordar que luego de la derogación de la Reforma Educativa de 1979, el país ha caminado lentamente al calor de los planes quinquenales y decenales con incipiente participación de los propios estudiantes, docentes, padres y madres de familia.

Luego de 27 años de aquel acontecimiento histórico, la educación ha venido deteriorándose hasta llegar al cuestionamiento generalizado de todos los sectores sociales por recibir una oferta educativa que no logra satisfacer las demandas de los menos exigentes; pero lo cierto es que la escuela sigue teniendo el monopolio de educar y formar los recursos humanos que requiere la economía nacional. Lo más grave, el español, la herramienta básica de comunicación ha pasado a ocupar el primer lugar en el índice de fracasos educativos en todos sus niveles. Lo cierto es que en gran medida, la población estudiantil ha venido perdiendo el entusiasmo por aprender y a la vez los docentes presentan los mayores índices de desmotivación laboral que se agrava ante la frágil participación de los padres y madres de familia.

Sin duda, la palabra más pronunciada en los últimos treinta años en el ámbito educativo es CALIDAD, sin que se produzca una explicación integral sobre su significado y alcance. Hemos atravesado por el paradigma de la educación como constatación, como formación, como transformación, como eficiencia y utilidad, el paradigma del constructivismo y finalmente llegamos al paradigma de desarrollo humano con reclamos sociales más integrales.

Para los empresarios calidad de la educación es exclusivamente que el sistema educativo forme los recursos humanos que las empresas requieren. Mano de obra eficiente y competitiva. Para los tecnócratas de la educación la calidad se mide por estadísticas e índices de cobertura, por el índice de aprobación de las pruebas de conocimientos de las universidades estatales, relegando el concepto de equidad y medición de los aprendizajes no solo en conocimientos, sino en valores y competencias ciudadanas. Premisa cuestionable.

Para los políticos la calidad de la educación se mide en función del gasto público destinado en el presupuesto. Entienden modernización como sinónimo de incorporar computadoras al sistema, dotar masivamente de libros de texto a los sectores marginados y otorgar becas educativas. A mayor presupuesto mayor preocupación por la calidad y la eficiencia del sistema. Verdad a medias.

Para los organismos internacionales la calidad de la educación usualmente se mide en función de los préstamos que incidan en algunas variables decisivas del proceso enseñanza aprendizaje: libros de texto, capacitación profesional, entre otros.

Sin duda, un saldo pendiente es determinar cuáles son los propósitos de desarrollo humano integral a los que aspira su sistema educativo panameño.

Otra preocupación es no haber logrado consolidar un sistema educativo coherente y que actúe como tal; lo que tenemos hoy día son un sin número de instituciones que trabajan sin un eje que los articule para una gestión educativa integral. Esto significa que existe un Instituto Nacional de Cultura, el Instituto Nacional de Deportes, el Instituto de Desarrollo Laboral, el Instituto Panameño de Habilitación Especial, el Instituto para la Formación y Aprovechamiento de los Recursos Humanos (Ifarhu), Canal Once, la Ciudad del Saber, la compleja estructura del Ministerio de Educación y más de 35 universidades que trabajan unilateralmente en labores educativas y culturales. Si sumamos los presupuestos de todas estas instituciones nos asombraríamos de los miles de millones que Panamá invierte en educación sin que se logre conocer el impacto y medir objetivamente resultados. La calidad de la educación es una construcción social que debe preocupar y convocar a todos los sectores sociales. De lo contrario todo mega proyecto social no encontrará en su población el recurso humano capaz de ejecutarlo con eficiencia.


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