El mundo no ha evolucionado gracias a las oficinas de gobierno sino a gracias al entusiasmo personal de los ciudadanos, cada quien en lo suyo. En educación no existe un solo plan, programa o currículo que sea el mejor, y cuando se intenta uniformar se termina degradando la educación pues la riqueza de conocimiento está en la diversidad. Se logra diversidad en un libre mercado, dejando que la demanda busque su oferta y para ello se requieren programas descentralizados de micro financiamiento.
El inmenso fracaso de la educación oficial es bochornoso; semejante al de transporte, salud y demás, y es porque hemos pretendido delegar lo indelegable; la educación, salud, transporte y más, a nuestros políticos en vez de resolver en nuestras casas, pueblos y comunidades.
No es lo mismo tener un sistema de gobierno intentando una fórmula única que millones de ciudadanos emprendedores, que en familias vayan buscando diversos caminos hacia su desarrollo; se trata del desarrollo de las personas y no de los gobiernos.
Indudablemente que algunos fracasarán, pero no todos y ni siquiera la mayoría. En cambio, el fracaso del sistema centralizado es universal; igual como ocurre con los monocultivos en el agro: cuando llega una plaga la pérdida es total.
He visto a médicos discutiendo cómo efectuar una intervención quirúrgica y mi primera impresión fue, “Dios mío, si estos no se ponen de acuerdo…” Pero luego me acordé de que igual pasa con los pilotos, en dónde cada quien vuela a su manera; cada maestrito con su librito. No existe un solo camino, existen infinidad de caminos y cuando se intenta centralizarlos salimos perdiendo.
El presidente Martinelli habló de “becas” durante su campaña, y creo que la idea era acertada. A quien necesita ayuda se le da de forma individual y que la familia busque en dónde comprar su educación. Sí, “comprar”, pues la del gobierno también es un servicio estafa que nos venden. Esto ya lo hacen en sitios como Suecia, un país supuestamente socialista que emigró de un sistema completamente centralizado hacia la descentralización.
La escuela privada siempre estuvo allí sirviendo a la comunidad. No eran empresarios malévolos con insaciables apetitos de lucro, sino ciudadanos comprometidos. Indudablemente que la corrupción siempre será un problema, pero la corrupción se facilita cuando todo pasa a través de un embudo oficial en donde se posicionan los vivos.
Lo propuesto no es nada nuevo ni ideológico, es mera sensatez. Con los dineros que hoy se malgasta alcanzaría de más para becar a todo el que lo necesite y el Ministerio de Educación pasaría a cumplir un rol fiscalizador y no el de despilfarrador.
No estoy dando un plano detallado sino más bien una orientación general. Con el financiamiento y las becas aún en áreas rurales aparecerían escuelas privadas, pues la población necesita fuentes de trabajo, en donde cada quien cuida los suyo. Como subproducto cada escuela también sería una empresa o centro de autogestión, que es lo que requiere Panamá.