Nuestro planeta, la Tierra está conformado por una capa de aire indispensable para la supervivencia humana, la atmósfera. Ésta además de contener oxígeno, bióxido de carbono, vapor de agua, posee otros gases necesarios, para que en la naturaleza se efectúen los diferentes ciclos de vida.
En la capa superior de la atmósfera existe una zona llamada estratosfera, en donde se concentra el ozono, un gas azulado, que en concentraciones mayores, resulta tóxico para los seres vivos. Sin embargo, el ozono forma una capa delgada, protegiéndonos de las radiaciones ultravioletas provenientes del sol.
La capa de ozono se adelgaza cada vez más, a consecuencia de algunos procesos industriales, por la combustión de los combustibles y el uso excesivo de ciertos componentes químicos derivados del cloro y bromuro, los CFC (clorofluorocarbonos), considerados los productos ideales, utilizados para enfriar refrigeradoras, sistemas de aire acondicionado, aerosoles, productos agrícolas, de limpieza y extintores de incendios.
La destrucción de la capa de ozono conlleva a la producción del agujero en la Antártica cada primavera. Sí la radiación ultravioleta llegara a la superficie terrestre habría consecuencias como: cáncer de piel, cataratas, herpes y defectos en el sistema inmunológico. En los ecosistemas marinos, puede ocasionar daños a peces, crustáceos, al zooplancton y fitoplancton, eslabón crucial de la cadena alimenticia. En lo que respecta a la agricultura, la radiación puede afectar la fotosíntesis y el rendimiento de la tierra.
Para salvar la capa de ozono, se han efectuado reuniones internacionales, la más importante realizada en Montreal, produjo el llamado "Protocolo de Montreal", donde los países se comprometen a congelar la producción de clorofluorocarbonos, reduciéndolos paulatinamente hasta su eliminación y sustituirlos por otras sustancias que no sean nocivas a la capa.
El avance tecnológico y el bienestar que disfrutamos hoy en día, causan el desgaste de la capa de ozono, por lo que todos tenemos la responsabilidad de preservar nuestro ambiente, eliminando productos que contengan CFC e implementando tecnologías conservacionistas de desarrollo sostenible.
La autora es licenciada en biología