La elección de lista completa, forma de sufragio mejor conocida como el “voto plancha”, impuesta desde las bases partidarias por encima del canibalismo electoral, desarrollado por los candidatos a diputado del Partido Revolucionario Democrático, tuvo como resultado que en el circuito 8-6 el colectivo de Omar alcanzara dos curules por cociente, y los dos residuos en disputa en ausencia de aspirantes al medio cociente.
Sin embargo, esta no es la última sorpresa electoral, ni los postreros sorprendidos en el otrora San Miguel adentro. Es muy probable que muchos cristianos al conocer los resultados de las elecciones de la circunscripción antes mencionada, donde los varones Gerald Cumberbatch y Vladimir Herrera tan solo obtuvieran 38 mil y 8 mil sufragios para alcalde y diputado, respectivamente, sean los otros grandes estupefactos.
También es posible que estos mismos cristianos, y otros que le dieron la espalda a sus hermanos, ahora procuren consolarse con frases como: “Esa es la voluntad de Dios” o que “Dios pone y quita reyes”. Pero olvidan la otra parte de la palabra, de cuando Israel pidió rey, la cual me permito citar a continuación.
“Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”. “Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo”. “Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos” (1 de Samuel 8:7, 8 y 9).
En resumen, los votantes de San Miguelito, incluidos los más de 60 mil cristianos evangélicos, quienes otorgaron algo más de 58 mil sufragios al reelegido alcalde y alrededor de 32 mil votos a los aspirantes a diputados por el PRD, han optado –entre otros males– por seguir viviendo en medio de la basura acumulada en cada esquina de las calles y veredas de las comunidades más humildes de cada uno de los nueve corregimientos de la comuna más populosa del país.
Han decidido también, que continúen proliferando las “parrilladas”, los bares, las cantinas y las bodegas, las cuales crecen en proyección geométrica, comparado con la edificación de centros de salud, escuelas e iglesias.
Peor aún, y mucho más grave que lo anterior, con sus votos los ciudadanos de San Miguelito han propiciado que en el próximo período legislativo no se escuche en la Asamblea Nacional la voz más caracterizada en la defensa de la familia, la libertad de culto y de la moral cristiana, esta última, la moral de la Nación, de conformidad con el artículo 35 de la Constitución.
Al respecto, un conocido articulista de opinión y agnóstico por confesión, comentando los efectos de las elecciones ha indicado que “después de las elecciones se sintió feliz”. Porque “todos los diputados que bloquearon la discusión del proyecto de educación sexual en la Asamblea fueron derrotados en las urnas” (La Prensa, 31/05/2009).
Dado el hecho de que el electorado de San Miguelito, en esta ocasión, tenía otras opciones políticas diferentes al clientelismo político tradicional, no es apropiado, ni se justifica, recurrir a “espiriflautas”.
Porque no fue Dios quien resolvió no tener a un varón íntegro en la Alcaldía de San Miguelito y de no reelegir a otro en la Asamblea Nacional, al contrario, fue el pueblo en su libre albedrío el que votó para que el Mello siga siendo el rey. ¡Así de sencilla es la cosa!