[CARTAS DESDE EUROPA]

Enseñanzas de presidiario

La cultura angosajona distingue entre ser inteligente y ser listo, pero incluye el término ‘streetwise’ que se refiere a quien tiene la habilidad suficiente para sobrevivir, con éxito añadido, en la calle.

En épocas de crisis es preciso activar el ingenio. Algo así han debido pensar los gabinetes emergentes en EU que, animados por lo que les está sucediendo a los tiburones financieros –con Bernard Madoff a la cabeza–, han tenido la idea de ofrecer cursos y seminarios acerca de cómo ir a la cárcel. No se enseñan en ellos las técnicas de soborno y estafa que, en tales materias, estamos ya más que sobrados de ciencia. Se trata de preparar a la clase dirigente en términos psicológicos para que la estancia en prisión, si amenaza, les resulte lo más llevadera posible.

Iniciativas así nos hacen mucha falta a los europeos para tener éxito en la adaptación al Espacio de Enseñanza Superior –lo que se conoce como Plan de Bolonia– que, por si no se habían percatado ustedes, se va a llevar a cabo mientras la gripe “A” arrecia y la crisis económica espanta. En tales circunstancias, lo que conviene es ofrecer algún que otro máster de los que pueden abundar en alumnado. Gentes de posibles, que la enseñanza de calidad es siempre muy costosa. El primer paso lo han dado, ya digo, los abogados y economistas estadounidenses tras cavilar acerca de qué les sería más útil a los financieros teniendo que ir a la cárcel. Se trata del equivalente de las encuestas típicas del verano, cuando te preguntan qué te llevarías a una isla desierta. Pero con la diferencia de que los cursos de preso ilustre no dan pistas acerca del equipaje mejor para entrar en chirona, tal vez porque nada más llegar al presidio suelen quitarte todo lo que acarreas contigo.

Lo que ha trascendido acerca de las nuevas carreras de presidiario se refiere solo a algunos consejos por cierto bastante banales para los financieros en horas bajas: pasar inadvertidos –¡angelitos!–, relacionarse con presos de la misma raza, no dejar que les intimiden en las colas del comedor y así. Algo que cualquiera sabe ya de sobra si ha visto un par de películas de cárceles. Se añaden cosas de sentido común, como que los dormitorios colectivos son más peligrosos que los individuales –en los hoteles sucede lo mismo– o que los mayores riesgos de altercado se presentan en la sala de la televisión.

La cultura angosajona distingue entre ser inteligente y ser listo, como todas, pero incluye un término magnífico: streetwise. Se refiere a quien tiene la habilidad suficiente como para sobrevivir, con éxito añadido, en la calle. Los tiburones financieros no durarían ni 10 minutos vivos o, al menos, vestidos y con todas sus pertenencias a salvo, estando solos de noche en una calle apartada del Bronx neoyorquino. Y las carreras para presidiarios están pensadas para resolver ese problema. Pero mucho me temo que profesores y alumnos tendrán que hilar más fino si quieren obtener algún provecho. Les sería de mucho utilidad tomar ejemplo de lo que sucede en España. Uno o dos amigos del alma en la justicia; unas relaciones de esas que llegan lejos y desaparece el problema de raíz. Mejor aún que saber sobrevivir en las calles es manejarse con soltura en los tribunales.


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