"Antes que nada debo hacer alusión a mis esfuerzos por brindar a los panameños la oportunidad de participar en una consulta popular limpia y honesta. Compromiso que contraje de voluntad propia, únicamente a impulso del deber que me impone una clara ideología democrática, sin más apremio que el que para mí constituye un imperativo de la conducta: contribuir a extirpar los vicios tradicionales que en el transcurso de toda una vida de trasiego político han envilecido el sufragio entre nosotros, pervertido la moral ciudadana y originado fenómenos desintegradores del sentimiento de solidaridad nacional. Con este propósito, antes de asumir el mando, teniendo en cuenta los requisitos que sobre la materia establece nuestra Carta Magna, hice gestiones y conseguí con el señor Ricardo Manuel Arias Espinosa que él propusiera a la Cámara Legislativa de aquellos días, una reforma a los artículos constitucionales que se relaciona con las elecciones, de modo que yo pudiera someterla más tarde a la legislatura correspondiente a mi período y sancionarla luego, cuando se hubieran surtido los trámites parlamentarios pertinentes. Así se realizó una obra, la más medular y destacada hasta hoy entre nosotros, en el sentido de consolidar las instituciones que garantizan el gobierno democrático representativo, creando el Tribunal Electoral independiente y se echaron los cimientos necesarios para establecer la verdad de las urnas".
El Tribunal Electoral de Panamá, desde sus orígenes, ha tenido claramente establecido su norte: el de propiciar elecciones libres y justas que garanticen la legitimidad de los gobernantes panameños, quienes son producto del ejercicio democrático y transparente en la emisión del voto ciudadano. En este largo trayecto recorrido por el Tribunal Electoral este ha tenido altas y bajas; en algunos momentos ha representado la máxima expresión del anhelo popular, y en otros, las circunstancias históricas lo han llevado a ser cuestionado por grandes sectores de la ciudadanía panameña.
Hoy, después de algunos días de un ejercicio electoral limpio y transparente, cuando la institución va demostrando que puede responder a las expectativas del pueblo panameño, se hace más que nunca presente la memoria de don Ernesto De La Guardia Jr.
Esa institución que él soñó y que creó con una gran capacidad de estadista, demostrando además virtudes de gran negociador, es un ejemplo digno de imitar en las actuales circunstancias históricas, cuando la clase política panameña puede inspirarse en acciones de contenido patrióticas y de visión de estadista.
Don Ernesto De La Guardia Jr. no vivió para ver materializado su sueño y convertirse en un modelo a seguir en nuestro continente, como lo han expresado los observadores internacionales, pero su presencia es permanente; y quienes hoy estamos al frente de esta institución, nunca olvidaremos el espíritu y la visión de estadista de quien un día le brindó a la patria su mayor contribución: un Tribunal Electoral al servicio de la democracia panameña.
