En su rememoración sobre los acuerdos de paz de Centroamérica llamados de Esquipulas II, que ya cumplieron 21 años, el ex presidente guatemalteco Vinicio Cerezo mencionó una conversación que sostuvo con el entonces y actual mandatario Daniel Ortega, a quien le sugirió en aquella época convocar a elecciones, diciéndole que si las perdía –como en efecto ocurrió en 1990–, no importaba, pues el solo hecho de convocarlas y buscar iniciativas para superar aquella difícil situación, le daría votos de confianza al pueblo para que en el futuro pudiese volver a gobernar por la ruta democrática si así lo deseaba, como en efecto sucedió.
Ahora, a pocos meses de aproximarse a la mitad de su gestión, Nicaragua vuelve a enfrentar una crisis política, económica y social –distinta por los escenarios, a aquella época aunque no menos difícil–, bajo su administración, y, quien está cometiendo errores que ya fueron típicos de su anterior mandato, los cuales estánllevando al país a una crisis aún mayor, si no realiza algunos cambios de timón en su gobierno.
Ambos mandatarios, junto con el también de entonces actual mandatario costarricense Oscar Arias, y el ex presidente hondureño Leonardo Callejas, participaron en agosto de 2007 en Managua en un encuentro convocado por el cardenal Miguel Obando y Bravo, celebrado en la Universidad Católica, para testimoniar como protagonistas de la paz regional. (Los ausentes ya fallecidos fueron Napoleón Duarte, de El Salvador, y José Azcona Hoyos, de Honduras).
Dicho evento, promisorio y conciliador a pesar de los cruces verbales entre los mandatarios firmantes de Esquipulas (ocasionados por la paternidad de la iniciativa pacifista y el consecuente Premio Nobel a Arias), significó para el presidente Ortega una lección de democracia que, perfectamente, aún puede enmendar en este su segundo paso por la Presidencia.
En efecto, las confesiones de Cerezo estaban inclinadas a frenar la dura guerra civil (entre contrarrevolucionarios y sandinistas) que vivía Nicaragua en la década de los ochenta, cuando también Guatemala y El Salvador sufrían bajo los sombrerazos subversivos de las guerrillas izquierdistas.
Sean cuales hayan sido las razones por las que Ortega permitió celebrar los comicios de 1990 y las aperturas a la libertad de expresión y movilización, entre otras, el hecho es que sí se dio una apertura cívica a finales de los 80. ¿Por qué será imposible esta vez? Ya lejos del tamborileo de la guerra y de una herencia política de 17 años tras los cuales Ortega mismo, a pesar de tantos entuertos, descalificaciones y acusaciones de pactos y/o cogobierno con los períodos de Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños fue, para bien o para mal, parte de los mismos como líder de la oposición. ¿Por qué no gobernar con mayor tolerancia y visión nacional?
La realidad actual frente a una severa crisis financiera global y sus repercusiones locales, el desplome de las exportaciones, las acciones de los donantes debido a la falta de legitimidad democrática y en medio de la turbulenta situación política actual, acrecentada por el fraude electoral de las elecciones municipales de 2008 y el rechazo a una revisión exhaustiva de los votos para devolver las alcaldías robadas, están cerrando las puertas a un entendimiento nacional, lo que merece una recapitulación de lo actuado y una rectificación necesaria en su administración, antes de que la situación empeore.
A fin de cuentas, aun las señales del sector privado, la Iglesia católica, la sociedad civil, la clase política y la comunidad donante internacional, están dispuestas a dialogar y a trabajar en armonía para que el país no colapse.
Ojalá Cerezo, en una nueva reunión conmemorativa de los acuerdos de paz, o en un nuevo entorno dada la trascendencia de la situación actual, vuelva a decirle al presidente Ortega lo que le dijo otrora. En aquella época la paz era una necesidad, como ahora es preservar la paz social y la democracia.