Esta es una fruta relativamente nueva en la capital. Tan solo hace cinco o seis años que se comercializa en el mercado de abastos. La traen de Darién y Chiriquí, de árboles cultivados, y es más común verla en los meses de julio y agosto. El árbol que la produce -Quararibea cordata es su nombre científico -, es oriundo de los bosques tropicales de tierras bajas del Perú, Ecuador y sitios aledaños del Brasil; ahora se cultiva y es común también en otras partes de la Amazonía. Recién a principios de la década de 1970, comenzaron a fructificar árboles de esta especie sembrados en la Florida (EU); y por lo visto se siembra también en los países de América Central.
Algunos botánicos han propuesto llamarle zapote sudamericano para distinguirlo del verdadero zapote centroamericano (Pouteria sapota), similar en apariencia. A propósito, zapote deriva del término nahuatl que designa algo suave, dulce.
El árbol crece rápido, con fuste recto, y alcanza en estado silvestre hasta 45 metros de altura, si bien los árboles cultivados no crecen más allá de los 12 metros. En Panamá produce mejor en tierra caliente y no prospera en tierras altas; si bien se dice que en América del Sur se desarrolla sin problemas y da buenas cosechas en las estribaciones de los Andes. Un árbol de zapote estudiado en las tierras bajas de Brasil produjo una cosecha de más de 6 mil frutas.
Si abrimos la gruesa cubierta de esta fruta, aparece una pulpa entre anaranjada y amarilla, fibrosa pero suave, jugosa y de agradable sabor dulce, que recubre cada una de sus grandes semillas. Amigos colombianos me han contado que allá en Santa Fe de Bogotá no es infrecuente que los escolares lleven un zapote como postre en la lonchera.
Por ahora el zapote está recién comenzando a llegar a nuestras mesas: veremos si se hace un campito junto a mangos, piñas y demás frutas bien establecidas en el paladar de los capitalinos. Yo creo que es posible que, poco a poco, se gane su propio espacio.
