MIRADA CRÍTICA

Fiestas patrias y reflexión

Con anterioridad he escrito lo mucho que debe dolerle a la Patria que se le celebre principalmente con un burdo espectáculo que en muchos casos raya en lo circense: autoridades encopetadas, discursos demagógicos, público que no sabe qué o por qué celebra, y la más clara evidencia de un sistema educativo que se va por el desagüe, y en el que la destreza de golpear un tambor o desafiar el calor del trópico con altas botas de cuero son las habilidades más “destacadas”.

Este 2009, año del cambio, las fiestas patrias siguieron casi iguales, aunque vale reconocer que algunos elementos nuevos entraron en escena. Primeramente entre el tema de la gripe y el de la seguridad, no quedó claro por qué ninguna delegación podía trasladarse de una provincia a otra.

Si fue por motivos de la gripe, entonces quedó demostrado que los bomberos, la policía, las bandas independientes y el Moisés Castillo no transmiten ni se contagian del virus. Su presencia en La Villa de Los Santos lo corroboró.

Pero más allá de la celebración, de las faldas minimizadas, de las tonadas extranjeras, de las banderas mal colocadas, de las salidas de tono de algunas autoridades, y de las payasadas de siempre de algunos medios de comunicación bufos que irrespetan hasta el cansancio lo más genuinamente panameño, quiero referirme nuevamente al problema de fondo.

Gobierno y oposición se han enfrascado en una lucha sin cuartel, las acusaciones graves van y vienen, como en un intento de distraernos, mientras el cacareado cambio no se deja sentir. La seguridad sigue como antes y la canasta básica familiar… vuela y vuela como la canción de Margarita.

La Patria no se desangra completamente porque la Red de Oportunidades y el Programa 100 para los 70 están paliando (me atrevo a decir que disimulando) lo grave de la situación. Y lo más delicado, estamos como en una especie de inercia, en la que queremos que otro pelee por nosotros, como que este asunto no es cosa mía. ¿Será que sin el festín de música y colores de las campañas políticas nos sustraemos de la realidad nacional? Craso error. Nuestro deber ciudadano es mantenernos vigilantes ante el cumplimiento (o incumplimiento) de las promesas electorales y ante la toma de decisiones en nombre nuestro. No olvidemos que el Estado es una entidad mucho mayor que un gobierno, y el Estado lo formamos todos.

Si la sociedad civil se desentiende de sus deberes, entonces sí estaremos transitando por un camino peligroso, y allí sí que ni las villas navideñas ni los villancicos ni los hábitos alienantes que hemos adoptado en estas fiestas podrán salvarnos.


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