LA HISTORIA SE REPITE EN ESPIRAL.

Francisco Franco y el transporte en Panamá

A comienzos del decenio de 1970, el general Francisco Franco aún gobernaba con plenos poderes en España. En Panamá, el general Omar Torrijos iniciaba su "proceso revolucionario". El generalísimo Franco era dado a financiar gobiernos autoritarios, aunque no comulgase ideológicamente con ellos, como el caso de Fidel Castro a quien siempre apoyo, quizás porque ambos eran hijos de padres gallegos. Uno de los apoyos que la España franquista dio a Omar Torrijos fue un sistema de transporte moderno, con financiamiento para infraestructura y formación del recurso humano para administrarlo y operarlo. Este proyecto se denominó "Corporación Urbana de Transporte" -CUTSA- y que en aquel entonces, muy joven aún y trabajando como periodista del vespertino El Panamá América, me tocó realizar algunos reportajes.

Para el gobierno militar instaurado en octubre de 1968, el transporte era un problema de seguridad nacional. Hasta ese entonces, el sistema venía operando tal como lo había diseñado el gobierno de Arnulfo Arias Madrid en 1940. El Partido Revolucionario Institucional del Dr. Arias "nacionalizó" el transporte público eliminando el sistema de tranvía -que hoy sería "tren ligero"- que prestaba servicio en la capital desde principios del siglo XX con eficiencia, operado por el mismo grupo norteamericano que brindaba el servicio de electricidad, teléfono y gas para cocinar.

Arnulfo Arias eliminó el tranvía y en su lugar instauró el sistema de rutas de autobuses y estas concesiones fueron dadas a sus más próximos aliados y colaboradores políticos y económicos. Surgieron así las rutas de los Barletta, los Arce, los Carbonel, los Alemán y otros. Eran los buses de color verde, azul marino, naranja y otros que cubrían las rutas del antiguo tranvía y más allá por la expansión de la ciudad como los de Parque Lefevre-Catedral. Empresarios independientes sólo quedaron los que hoy serían "rutas internas" como las "chivas" que cubrían "El Chorrillo-Hospital" o "La Boca- Río Abajo", que prestaba servicios a los trabajadores del Canal.

Este sistema de rutas de transporte operadas por grandes concesionarios que tenían intereses políticos era una amenaza para la estabilidad del gobierno militar, ya que bastaba el mandato de los propietarios para paralizar el país. En ese momento interviene con generosa simpatía el general Franco y propone para Panamá un sistema de transporte público como los operados por organismos para-estatales en casi toda Europa en aquella época. España ofreció el financiamiento completo en un proyecto a desarrollar por etapas. Mediante créditos blandos que en realidad eran donación, el Gobierno español envió a Panamá varias decenas de autobuses Pegaso, ensamblados en España con motores e ingeniería alemanas y que constituían en aquel momento lo más avanzado en tecnología para transporte público.

Eran vehículos con transmisión semi-automática, con puertas de acceso y salida neumáticas, en el cual podían viajar cuarenta personas sentadas y treinta de pie. Sus asientos eran de fórmica, a prueba de depredadores. Sus amplios ventanales permitían mantenerlos ventilados. Para las áreas con calles estrechas como el Casco Viejo, Santa Ana y El Chorrillo, se enviaron en menor cantidad autobuses más pequeños, similares a los buses "Coaster" de las rutas internas de hoy día. Pero Francisco Franco sabía que el problema no eran los autobuses, sino la logística, la ciencia creada por Alejandro Magno que permite la organización y flujo permanente de tropas en campaña, su alojamiento, transporte, alimentación, avituallamiento. Es decir, la transferencia de tecnología para operar de manera ininterrumpida un servicio público vital. Y el caudillo de España también dio respuesta a este problema.

Se enviaron, a costas del Gobierno español, técnicos, mecánicos, personal para administrar, a recibir formación profesional en la madre patria. El proyecto también incluía la construcción de grandes terminales de transporte y galeras para el mantenimiento diario de la flota de autobuses de cada ruta. Pero todo esto era demasiado bueno para ser verdad en estos "tristes trópicos". La corrupción y los arreglos políticos dieron al traste con este proyecto, sus despojos fueron entregados a uno de los grupos políticos del "proceso", y como solución al transporte público Omar Torrijos creó el fenómeno de los "diablos rojos", que consistía en crear decenas de propietarios de autobuses mediante el sistema de cupos individuales otorgados a parientes de militares, políticos, amigos, sin prever un sistema y su logística para administrar el caos que se estaba gestando.

Poco antes de morir, el general Torrijos se percató del monstruo que había creado que para efectos de "seguridad nacional" era mucho más peligroso que el que había sido suprimido en 1972. A comienzos del año 80, su gobierno intentó someter a las hordas transportistas, y como respuesta tuvo una huelga que paralizó el país bloqueando las principales arterias vehiculares del país. Su gobierno intentó detenerlos por la fuerza, envió tanquetas, helicópteros, grúas y camiones militares que golpearon a algunos "diablos rojos". Al final, Omar Torrijos fue derrotado y tuvo que indemnizar a los "transportistas" con fondos del Estado. Torrijos no se percató de que sólo una solución alejandrina, una acción drástica, audaz y expedita, es decir, cortando el nudo gordiano, podía tener éxito. Hoy día, a falta de conocimiento de los hechos, la historia se está repitiendo en espiral.


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