VOLUNTAD.

Frente a la crisis de la educación nacional

Para nadie en Panamá es un secreto la grave situación de nuestra educación. Por muchas décadas el debate educativo se ha centrado en torno a la problemática, no en la búsqueda de soluciones.

La educación es pluridimensional, por lo tanto, así han de ser sus complejidades y no menos sus soluciones. Prueba de ello es que aunque Panamá hace una considerable inversión en el renglón educación, los resultados obtenidos son bajos. El factor económico es apenas uno de los tantos involucrados.

En este dilatado estudio de la situación en que nos hemos sumergido, pareciera que estamos más interesados en culpar a otros, en buscar responsabilidades en aquellos agentes que adversamos, política e ideológicamente, que en centrarnos en las soluciones reales y posibles; así seguimos caminando en torno al problema sin decidirnos a ponerle remedio de una buena vez.

Hace falta mucha voluntad y buenas intenciones para que los grandes agentes educativos se pongan de acuerdo en una verdadera política de reestructuración de la educación nacional, pero también hace falta esa voluntad para que mientras llegue ese momento cada quien desde su posición personal (direcciones provinciales o regionales, supervisores, directores de escuelas y colegios, profesores y maestros, empresa privada, instituciones cívicas y religiosas y las familias) intentemos nuestros mayores esfuerzos para mejorar el nivel de educación de nuestro país.

No se trata de que cada quien empiece a improvisar remedios a su antojo, se trata más bien de llevar al máximo nivel de eficacia lo que sabemos y podemos hacer, guiados por el sentido común, la inteligencia y ese marco de referencia que son los grandes fines de la educación.

No podemos sentarnos a esperar que nos den soluciones milagrosas quienes ya han tenido suficiente tiempo para dar soluciones concretas y prácticas. Nuestro impulso ha de servir de presión para que aquéllos a quienes les corresponde tomar las grandes decisiones, por obra y gracia de nuestra costosa democracia, actúen ya y no se siga postergando el cambio educativo, llamado a transformar la sociedad en todos los sentidos.

La Nación panameña reclama de sus mejores hijos, ahora como antes, la férrea voluntad de dar lo mejor en pos de ella. Ya no hay lugar para procesos dilatorios ni para inercias. En esta historia no pueden haber Pilatos.

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