Thomas Carothers, experto estadounidense en temas relacionados con la democracia y el estado de derecho, desarrolló en la revista Foreign Policy, en su edición de invierno 1999–2000, un concepto de sociedad civil que puede aclararle al Gobierno la importancia de ponerle mayor atención a las organizaciones que la conforman, más que enfrentarlas como si se trataran de enemigos acérrimos que quieren “cogobernar”.
Este experto señala que “la sociedad civil es la suma total de aquellas organizaciones y redes que se ubican fuera del aparato estatal formal. Incluye toda la gama de organizaciones tradicionalmente conocidas como grupos de interés, no sólo ONG, sino también sindicatos, asociaciones profesionales, cámaras de comercio, religiones, grupos estudiantiles, sociedades culturales, clubes deportivos y grupos comunitarios informales. Como tal, abarca aquellas organizaciones cuyos objetivos son diametralmente opuestos, como es el caso de los grupos de cazadores y los de defensores de los derechos de los animales”.
En Panamá hay más de 500 organizaciones no gubernamentales formales y no estoy seguro de si existe un censo de las informales (las que no tienen personería jurídica otorgada por el Ministerio de Gobierno y Justicia). Muchas de estas organizaciones de la sociedad civil se unen para ejercer el voluntariado, como ocurre con los clubes cívicos, donde para pertenecer se tiene que pagar una cuota dedicando el asociado parte de su tiempo a los fines de la organización; hay otras, igualmente formales, que buscan atraer fondos de la cooperación, principalmente internacional, la cual destina millones de dólares para que en nuestros países mejoren o disminuyan los índices, dependiendo del caso, relacionados con la salud, pobreza, violación de derechos humanos, desigualdad, injusticia, violencia, desnutrición, corrupción, entre otros indicadores en donde nuestro país no obtiene una buena nota por más dinero y esfuerzo que los gobiernos han invertido en los últimos años.
De manera que en nuestro país hay muchas organizaciones que captan estos fondos, realizan estudios, presentan informes y hacen denuncias públicas sobre incumplimientos de obligaciones del Estado (muchas consignadas en compromisos internacionales firmados por Panamá). Estas organizaciones son las más visibles en los medios (porque analizan temas muy sensitivos para los gobiernos).
Las estructuras que montan demandan el trabajo de profesionales, algunos a tiempo completo, a los que se les reconoce un salario en función de sus estudios y experiencia relacionada con los intereses de la organización, a diferencia de los puestos públicos que el gobierno asigna en función de criterios partidistas.
Los gobiernos y los medios de comunicación se han encargado de colocar a las personas que representan a las organizaciones arriba indicadas como líderes o representantes de la sociedad civil, cuando realmente son líderes o representantes de sus respectivas organizaciones y en las áreas de análisis de la realidad dentro de la cual realizan aportes significativos.
Ojalá más gente decidiera dedicar tiempo a asociarse por intereses comunes o trabajar para asociaciones civiles, ya sea voluntariamente o como asalariados. En Noruega, uno de los países que en los últimos años ha ocupado los primeros lugares del Índice de Desarrollo Humano del PNUD, más del 70% de las personas adultas pertenece a alguna organización no gubernamental.
El Gobierno noruego entiende que no puede resolver de manera eficiente todos los problemas y que a mayor participación de los ciudadanos en las políticas y los problemas que les preocupan, mejor calidad de la democracia, y mejores índices de desarrollo, de manera que se promueve la creación de estas organizaciones y se escuchan y respetan sus opiniones., ¿Igual que aquí, verdad?
