Gracias Irving. Eres modelo para nuestra juventud y para nuestras familias panameñas que necesitábamos ver por la pantalla televisiva una buena noticia y emocionarnos al verte arropado con nuestra bandera tricolor.
Gracias Irving por los mensajes que enviaste. Empezaste con una marca sugestiva un número bíblico que se menciona con mucho miedo, misterio y terror: 666.
Gracias Irving por tu rostro apacible y tu tierna mirada. Gracias por el gesto de tu lengua que significaba que no habías obtenido ningún puntaje. Tu puntaje fue x, pero ya tenías el 8.13; eras el más alto y la batalla continuaba.
Gracias Irving por lograr la medalla de oro, y gracias por enseñarnos que después de cada competencia a la primera que llamas es a tu mamá, porque sabes que por tu familia eres más.
Gracias Irving. Eres un canguro por tus saltos largos que marcan la personalidad de tantos talentos cautivos que hay en nuestro país que no se rinden, que reconocen sus debilidades y sobresalen con sus fortalezas.
Quiero manifestarte que paralizaste a nuestro país y que seguimos tu lenguaje de señas, y vimos cómo a la tercera vez, colocaste tu dedo en la boca pidiendo silencio para después pedir los aplausos que necesitabas para llegar a la meta.
Lo que hay que resaltar es que vivimos en un mundo globalizado y competitivo en donde algunas veces pedimos silencio y otras exigimos aplausos. Que debemos tener fe en nuestras acciones y dejar de lamentarnos tanto.
Tenemos que buscar estrategias que sean más beneficiosas para nuestra salud mental, haciendo una conexión como nosotros mismos, y señalar en silencio: "voy a trabajar, voy a estudiar, yo voy a cambiar mi manera de pensar".
Irving dijo: Soy feliz. Eso es lo que queremos escuchar de los labios de nuestros infantes, adolescentes y adultos. Esa es la meta.
Panamá es primero. Así lo demostró en Brasil nuestro compatriota Irving Saladino.
Gracias Canguro panameño... ¡Gracias!
La autora es educadora
