El tradicional consenso multipartidista sobre un tema de seguridad pende de un hilo Al gobierno Brown le resulta más difícil vender a la opinión pública la guerra de Afganistán con cada día que pasa y cada nuevo cadáver que llega metido en una bolsa de plástico. Los votantes entienden la importancia de luchar contra el terrorismo en sus fuentes, pero se plantean numerosas preguntas: ¿es una batalla que se puede ganar?, ¿cuánto va a durar?, ¿no se trata acaso de una estrategia contraproducente que alimenta el fundamentalismo?, ¿disfrutan las tropas del entrenamiento y los medios necesarios?, ¿cumple el régimen de Karzai los requisitos mínimos exigibles a un aliado de Occidente? Con más de 200 soldados británicos muertos ya en el país asiático y todo tipo de planteamientos contradictorios sobre si el número de tropas va a aumentar o disminuir en los próximos meses y años, tanto el electorado como la oposición están perdiendo la paciencia. Tanto es así que el tradicional consenso multipartidista en temas de seguridad nacional pende de un hilo, como sugieren las críticas por parte de los partidos opositores.
Irak fue una guerra impopular desde el principio, vista por millones de ciudadanos del Reino Unido como un pretexto para el avance de determinados intereses económicos y la agenda de la administración Bush. Pero no así Afganistán, donde la opinión pública aceptó que había que tomar cartas para prevenir nuevos golpes como los del 11–S en Nueva York o el 7–J en Londres (según Brown, tres de cada cuatro atentados que se pretenden realizar en suelo británico son planeados en las montañas que separan Afganistán y Pakistán). Las cosas han cambiado, sin embargo, en parte porque el coste en vidas se ha disparado (van 204 muertos y más de 8 mil heridos), y en parte por la confusión que rodea la política afgana de la administración laborista. Las optimistas declaraciones del inexperto ministro de defensa Bob Ainsworth, afirmando que “la guerra va bien”, y pronto el Reino Unido podrá reducir su presencia militar en el país, han sido denunciadas por la oposición como o bien “una fantasía basada en la falta de información, o bien una mentira descarada”.