Trabajan 12 horas diarias, por un miserable salario y en condiciones peligrosas. No reciben, en su mayoría, los beneficios del seguro social, les pagan en efectivo y por lo general el salario incompleto, de las vacaciones ni hablar y el decimotercer mes es un milagro que lo paguen.
El trabajo que realizan es en solitario, les dan una pistola vieja y una cachiporra de madera. En algunos casos, el equipo también incluye un aparato de radio intercomunicador; no reciben entrenamiento alguno. No les proporcionan alimentación durante las largas jornadas de trabajo; no producen absolutamente nada, sólo cuidan las riquezas ajenas.
Pararse en un puesto donde haya movimiento comercial (un banco, por ejemplo) es peligroso, porque los maleantes tienen como primer blanco al agente de seguridad. Cuidar un edificio o una residencia también es peligroso, los maleantes son capaces de cualquier cosa con tal de quitarles el revólver.
Hay agentes jóvenes, menores de 30 años; pero también los hay ancianos, mayores de 60 años. Llegan a esos puestos de trabajo porque no encuentran empleo en otra cosa y yo prefiero arriesgarme y ganar aunque sea algo, que quedarme por ahí sin hacer nada.
Unas 120 agencias de seguridad privada operan en Panamá; inscritas en el Ministerio de Gobierno y Justicia, pero hay un número considerable de agencias ilegales que no están inscritas y operan a la libre.
Esto es un desorden de arriba a abajo, cualquier persona puede convocar al personal correspondiente, consigue sus clientes a los que les va a prestar el servicio y desde el garaje de su casa, con un aparato de radio y un teléfono, atiende su negocio.
Eso es un negocio redondo, comenta Alberto (nombre ficticio del agente de 28 años que dio cuenta de su trabajo y de su vida). El dueño de la agencia cobra mil 555 dólares mensuales por el servicio de un seguridad las 24 horas del día. Y a nosotros nos pagan 280 dólares por mes, por trabajar 12 horas diarias. Es decir que en los salarios de un puesto se invierten 560 dólares al mes. La cuenta es clara, el que menos se beneficia económicamente es el agente.
Vida del seguridad Alberto vive en El Futuro de San Miguelito, se debe levantar todos los días a las 4:00 de la mañana, para llegar a su puesto a las 6:00. Sale de su casa, muchas veces sin desayunar, agarra una chivita que lo deja en el cruce de San Miguelito, donde toma otro bus que lo deja en el cruce de Pedregal y ahí uno de Mañanitas que lo lleva hasta su puesto. En pasaje para ir al trabajo se le fueron 65 centavos.
Cuida en un centro comercial en el que se mueve gente las 24 horas del día. Aquí veo de todo, hombres alcoholizados, mujeres borrachas, muchachos drogados y cada loco con su tema. El tiene que tratar con todo ese tipo de gente para sobrellevar el asunto sin que se forme un desorden.
De comida, nada serio, una alita de pollo con una hojaldre hasta llegar en la noche a su casa. Y en la casa ¿qué hay? Nada, si acaso un poco de arroz dormido.
La situación de Alberto se torna crítica. El tiene un hijo de ocho años que tuvo con su primera esposa. Más tarde se juntó con otra mujer que tenía tres hijos y con ella tuvo su segundo hijo. Así que con el salario de 140 balboas quincenales tiene que mantener a los cinco integrantes de la familia y a su primer hijo. Es la única persona que ha logrado conseguir trabajo en su casa.
Las prestaciones ausentes Si se enferma tengo que esperar que el cuerpo se cure porque no tiene seguro social y los médicos particulares salen muy caros. Los días que esté enfermo no se los pagan y si el mal dura más de tres días, lo botan. Llaman a mi cuñada, que es el teléfono que ellos tienen para localizarme, y le dicen que me diga que me presente a trabajar o que devuelva el uniforme. Así que enfermo o como esté tiene que presentarse a cuidar el centro comercial.
El salario, que es la máxima prestación que recibe un trabajador, nunca lo pagan a tiempo y casi nunca viene completo, si lo pagan con cheques generalmente no tienen fondos y anda uno de aquí para allá y de allá para acá, tratando de conseguir los reales que le pagaron. Cuando lo pagan en efectivo no media ni un recibo ni un registro.
Las partidas del decimotercer mes nunca se entregan en la fecha correspondiente y casi siempre lo pagan un poquito esta quincena y otro poquito la próxima. Alberto dice que nunca me han pagado una partida del décimo completa y junta.
Con las vacaciones, si es que hay, sucede algo similar; las pagan fragmentadas, de tal forma que el trabajador no puede disponer de ese capital para su recreación.
La vida de Alberto Viene de Darién, es oriundo de Jaqué. Estudió hasta el tercer año de secundaria. Un día sus padres decidieron emigrar para Panamá. Poco después, él se vino tras las huellas de ellos, sobre todo porque allá no había dónde ganarse un real.
En la capital buscó trabajo, pero como no conocía a nadie no logró conseguirlo. Así que, presionado por la situación económica, decidió trabajar como agente de seguridad. Aquí estoy como un esclavo, dice.
No hay mayores requisitos para conseguir un puesto en cualquier agencia. Así que entrar a trabajar como seguridad es relativamente fácil. De eso es lo único que hay trabajo en Panamá. Y una vez que uno entra, no le quedará tiempo para buscar otras alternativas de empleo.
La situación es generalizada Pese a que hablan con temor y bajo la advertencia de que nadie sepa que yo le dije lo que voy a decirle y uno tras otro, como Alberto, cuentan las penurias de su trabajo y hablan de su vida como si fuera un martirio. Están siempre supeditados al miedo, miedo que lo boten, miedo que lo ataquen...
Esos son los seguridad que laboran para agencias. Hay también aquellos que son empleados de la empresa o la institución a la cual sirven y que tienen condiciones ligeramente más favorables, en cuanto al reconocimiento de las prestaciones sociales.
Los ministerios de Gobierno y Justicia, de Trabajo y la Caja de Seguro Social deberían acordarse de nosotros, pero no lo hacen. No inspeccionan las condiciones de legalidad de las agencias ni tampoco le prestan atención a las condiciones de trabajo. Por ejemplo, según la Constitución y la ley, la jornada de trabajo en Panamá es de ocho horas y las horas extras están reglamentadas, pero a los agentes de seguridad que laboran 12 horas diarias no se les habla de horas extras y se les paga un salario basado en ocho horas.
De sindicalización o algún tipo de agrupación gremial, ni hablar. Denunciar esta explotación tampoco se puede, la sanción es el despido. Estamos atados, le digo, como esclavos, concluye Alberto en su casa, en la cima del cerro, donde vive, sin futuro.

