Más estadounidenses están pasando hambre en tiempos difíciles y dependen con frecuencia cada vez mayor de la caridad privada, con base en datos de un nuevo estudio por parte de Feeding America, red nacional de bancos de comida. Este estudio descubrió que 37 millones de personas, casi uno de cada ocho estadounidenses, habían buscado ayuda alimentaria de emergencia de esta red a lo largo del año pasado, lo cual marca un aumento de 46% respecto de 2006.
A medida que la recesión y el alto desempleo cobran su precio, hay familias hambrientas a lo largo de todo el país: en ciudades y suburbios, así como en comunidades pobres, de clase media e incluso las supuestamente ricas.
En una reciente conferencia efectuada en Long Island, visto como un lugar de riqueza suburbana, organizaciones locales de caridad compartieron historias de familias que lucharon por mantenerse a flote y cómo fueron obligadas a elegir entre comida, pagos hipotecarios y cuentas de servicios. En muchos casos, al parecer la comida sufrió una baja porque era más fácil ignorar el hambre que las amenazadoras cartas de caseros que no habían recibido los pagos del alquiler o de compañías de gas.
En la porción de Long Island contenida en el estudio de Feeding America, los investigadores revisaron más de 600 despensas, cocinas de caridad y refugios, entrevistando a personas que habían buscado comida en esos lugares. El estudio llegó a la conclusión de que aproximadamente 280 mil habitantes locales necesitaron ayuda el año pasado, un aumento de 21% en comparación con el año 2006. Tan sólo un pequeño porcentaje de estos clientes eran indigentes o ancianos. 39% eran niños y jóvenes menores de 18 años.
El estudio encontró que los voluntarios son centrales para el éxito de los programas de alimentación de emergencia. En Long Island, 88% de los centros de despensas y 92% de las cocinas que sirven sopas gratis dependen de los voluntarios. Sin embargo, la conferencia de prensa reveló que muchos de los voluntarios que recolectaban y servían la comida se han vuelto indigentes o han quedado desempleados.
Es tranquilizante que muchísimos estadounidenses estén impacientes por ayudarles a sus vecinos. Sin embargo, también es claro que la red de seguridad del gobierno está fallando. El estudio encontró que cerca del 30% de quienes buscaron ayuda de sus instalaciones también recibieron estampillas. Esto apuntala lo que defensores de los pobres han dicho por años, que el programa de estampillas de alimento no le está llegando a todo aquel que sea elegible. Se debe enmendar este punto.