Harold Bernstein, gran amigo de Panamá

El general Torrijos, otro visionario, vio en la propuesta de Bernstein la ventaja de construir algo en tierra firme y generar empleo. Después de arduas negociaciones en las que me tocó participar, se logró acordar lo que considero uno de los mejores contratos que ha negociado el Gobierno panameño en los últimos años y por el cual nos convertimos en socios de la ambiciosa empresa, naciendo así Petroterminal de Panamá, S.A. (PTP).

Así las cosas, Harold y su equipo emprendieron la tarea de obtener el financiamiento y la construcción de la obra, lo que logró después de intensas gestiones con las compañías petroleras tradicionales (que inicialmente veían con recelo el proyecto en tierra firme) y los bancos internacionales. En abril de 1979 se inaugura la Terminal de Charco Azul en Chiriquí y se inicia la operación de trasiego, que resultó todo un éxito, iniciándose de inmediato las gestiones para el financiamiento y construcción del oleoducto Transístmico, obra que se logró finalizar en octubre de 1982, solo 18 meses después de haberse empezado la construcción. En 1996, después de 14 años de operación exitosa, cuando el petróleo de Alaska empezó a declinar se logró, gracias a la visión y apoyo de Harold, construir un puerto de carga general en las facilidades de Chiriquí Grande, lo que permitió la continuidad de las actividades de Petroterminal hasta la fecha.

Las actividades de PTP durante los últimos 25 años han significado aportes muy significativos para la nación en concepto de impuestos, dividendos y regalías. Quizá más importante aún, representa una fuente de riqueza permanente para las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, sus pobladores y municipios. PTP ha significado también la capacitación y transferencia de tecnología para cientos de panameños en técnicas administrativas, marítimas y tecnología de punta en operaciones de almacenaje y manejo de petróleo.

Mediante becas y donaciones realizadas por la Fundación Petroterminal de Panamá, PTP ha sido siempre una empresa comprometida con el desarrollo y la educación en Panamá, especialmente en Chiriquí y Bocas.

Harold Bernstein no solo fue un gran visionario, sino una inspiración para todos los que tuvimos la suerte de trabajar y aprender de él, hombre emprendedor, cordial y optimista; no había tarea lo suficientemente grande que no la pudiera acometer, ni persona tan pequeña a la que no le diera importancia. No me equivoco cuando digo que el pasado domingo 21 de marzo, Panamá perdió un gran socio y amigo con la desaparición física de Harold. Hoy le rendimos homenaje y nos queda la esperanza de que las generaciones venideras que se inspiraron con su ejemplo, continúen la trocha trazada por Harold y no dejen morir su sueño de un Panamá más próspero y con oportunidades para todos.


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