Ajenas al desastre en que se encuentra el transporte masivo metropolitano, las autoridades correspondientes descubrieron que la fiebre está en la sábana. Y han concluido que el caos imperante se superará a punta de compresores o pistolas para atomizar, mediante la remoción de la pintura de los vehículos. Para los autobuses, blanco, y para los taxis, amarillo. Lo que el ingenio popular bautizó hace décadas como “diablos rojos”, por el comportamiento temerario de sus choferes, pasará a denominarse “diablos blancos”, pero, al fin, ángeles del mal. Con toda pompa y circunstancia, la proponente junta directiva del Tránsito someterá la cuestión a la consideración de la Asamblea Legislativa a través de un anteproyecto de Ley. La crisis del transporte masivo metropolitano es de fondo. Los propietarios y choferes hacen en las calles lo que les da la gana y reina la impunidad. No existe una dirección: la ley ha despedazado, dividiéndolo, el timón oficial del tránsito. A pesar de su nombre rimbombante, la Autoridad Nacional del Tránsito y Transporte Terrestre es la dependencia gubernamental con menos autoridad legal. Si se dispusieran a remediar en forma integral la crisis y a velar por el cumplimiento de tanto decreto vigente, las autoridades no se enzarzarían en una operación pintura para enderezar el transporte.
Hoy por Hoy 2003/08/27
27 ago 2003 - 12:00 A M
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