El reglamento interno de la Asamblea Legislativa es un armatoste de vacíos, que podría rebautizarse con el mote de ley del embudo. Ni una frase para referirse a la obligatoriedad del legislador de concurrir a las sesiones y mucho menos a las sanciones que se derivarían de la inasistencia e impuntualidad. Ese texto nada previene ni legisla sobre el comportamiento repudiable y las diatribas como las proferidas por el legislador Panchito Reyes contra determinadas personas en pleno hemiciclo. Esa ley del embudo establece que cada legislador debe jurar que cumplirá con los deberes que le impone el cargo y que la junta directiva mantendrá “la observancia de las reglas establecidas para el régimen interno”. Es tan vago y eufemístico este lenguaje que posibilita que Sergio Gálvez sea legislador y que su oficio oportunamente remunerado sea no asistir a la Asamblea. La inmunidad es un artículo viciado que ha sido convertido en impunidad legislativa. Los electores tienen la responsabilidad de evaluar estos aspectos a la hora de emitir el sufragio. En los comicios anteriores quien abanderó el adecentamiento y la puntualidad de sus colegas fue castigado por los electores. Aunque no sea ilegal, la inasistencia y la falta de decoro en la Asamblea Legislativa es inmoral.
Hoy por Hoy 2003/09/09
09 sep 2003 - 05:00 AM