La Caja de Seguro Social ha hecho crisis por múltiples razones. Las causas son ampliamente conocidas aunque las responsabilidades no quieran aceptarse, tal vez porque falta el valor político y personal para hacerlo. Desde hace más de 30 años todos sabemos que la Caja dejó de ser financieramente viable, víctima de innumerables abusos y desmanes, pero los posibles remedios se pospusieron una y otra vez, para que una próxima administración cargara con el elevado costo político de hacer las reformas necesarias. Juan Jované no es responsable de nada de eso, aunque como economista sí lo es por permitir la construcción de dos hospitales nuevos y la adquisición de otros dos que debían equiparse y dotar del personal idóneo para operarlos. Sin duda todas esas inversiones pueden justificarse, pero como ocurre a menudo con las finanzas, las necesidades son mayores que los recursos para satisfacerlas, por lo cual es imperativo establecer prioridades. Para eso son los presupuestos, porque la inversión y los gastos deben ser adecuadamente planificados. La Caja no contaba con la solvencia necesaria para hacer frente a tantas inversiones y gastos, razón por la cual se pretendía hacer uso de los recursos que por ley deben mantenerse en reserva para propósitos específicos, lo que lejos de resolver el problema, lo agrava. Por otra parte, el diálogo sobre el Seguro no dispuso oportunamente de la información financiera y actuarial que requería si se estaba actuando bona fide.
Hoy por Hoy 2003/09/16
16 sep 2003 - 05:00 AM