Es una aberración que la administración de la Caja del Seguro Social haya agrandado su planilla en los últimos años, justamente en pleno declive del movimiento económico y de acentuación del “hoyo negro” de la institución. Por factores diversos, cada año disminuyen los ingresos y se erosionan las reservas de las cuotas, que garantizan el funcionamiento y la compensación de las pensiones y jubilaciones. Ante esa dramática realidad, el sentido común indica que se requiere establecer una cultura de racionalización del gasto. En materia de planillas, ocurrió lo contrario. Y no solo eso. Con tal de nombrar a determinadas personas, fueron obviados controles establecidos en los reglamentos de la administración estatal, según revela un informe de auditoría de la Contraloría General. Se designaron funcionarios sin el perfil solicitado, fuera de los procedimientos de contratación, sin cargo específico y con salarios superiores a aquellos recomendados por el departamento técnico de recursos humanos. Un alto porcentaje de los nombramientos correspondió a empleados administrativos, en contraste con los médicos y otro personal especializado en salud. Según el informe, muchas de esas designaciones no se sustentaron en un currículum, sino en la carta de recomendación de un vicepresidente, un gobernador, un ministro o un dirigente sindical. Si este es el modelo administrativo-financiero que destacados economistas tienen para el país, que Dios nos coja confesados.
Hoy por Hoy 2003/09/18
18 sep 2003 - 05:00 AM