Aunque la comunidad se debate en medio del desencanto, la politiquería y la insensibilidad de valores, hay quienes apuestan a un mejor país y descansan sus esperanzas en la valentía y el coraje de ciudadanos sobresalientes. La sensación de impunidad reinante resulta por excelencia deslegitimadora del sistema democrático y corre el riesgo de traducirse en episodios de violencia, mayor deterioro social y dañinos niveles de escepticismo de amplias franjas de la comunidad. Por ello, hay que limitar cualquier comportamiento que erosione la transparencia. Los premios otorgados por Transparencia Internacional al magistrado Adán Arnulfo Arjona y a la procuradora suplente de la Nación, Mercedes de Grimaldo, no solamente son justos, sino un orgullo para todos aquellos que defienden la dignidad ciudadana. Uno, desde la Corte Suprema de Justicia, ha combatido a capa y espada la decapitación de la Ley de Transparencia con cada uno de sus salvamentos de voto que exigían información veraz. Y otra, desde el Ministerio Público, siempre diciendo lo que estaba ocurriendo de una forma tan clara que no se requería ser abogado para entenderla. Con ciudadanos como estos, el país está más seguro.
Hoy por Hoy 2003/10/27
27 oct 2003 - 05:00 AM