Nadie pone en duda la facultad constitucional que tienen los presidentes de la República para nombrar y cambiar a los miembros de sus gabinetes. Lo que se cuestiona, en estas circunstancias, es la conveniencia de hacerlo y las razones que dan a la comunidad. Dos ministros aspiran a ser postulados por el Partido Arnulfista al cargo de diputado del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), y otro intenta ocupar una curul en la Asamblea Legislativa, buscando con esto la bendita inmunidad que es, según el presidente de Transparencia Internacional, el foco de la corrupción y el mayor de los pecados de la clase política. Por otra parte, el PARLACEN causa erogaciones cuantiosas al Estado y genera un despilfarro sin que las autoridades logren explicar en qué beneficia al país este organismo. Lo más grave de todo es que la inmunidad toma cuerpo y se prolonga, impidiendo que las instancias correspondientes inicien o culminen sus investigaciones. Tal vez no haya ninguna oscura intención, pero las apariencias lo hacen suponer así, lo que en nada favorece al Gobierno cuando se presta a recibir a mandatarios foráneos para celebrar el Centenario de la República. No extrañaría la aparición de nuevos nombres tratando de buscar la mal llamada inmunidad, el nombre retórico que dan a la impunidad.
Hoy por Hoy 2003/10/30
30 oct 2003 - 05:00 AM