Puente entre Oriente y Occidente, Estambul es el blanco de moda de los terroristas. Una estrategia de muerte se ha puesto en práctica en la capital turca. Se han perpetrado cuatro atentados de alta potencia con carros bomba en menos de ocho días a dos sinagogas, al consulado y a un banco británico. Los muertos se cuentan por decenas, y los heridos, por centenares. Son apocalípticas las escenas en las calles de Estambul. Los primeros informes indican que la autoría está en las manos de Al Qaeda de Bin Laden y todo apunta a que se trata de ataques suicidas. Es el desprecio a la dignidad humana mediante un terror que ocasiona horror. Expresión de intolerancia y detestables de por sí, estos hechos erosionan la frágil estabilidad internacional .Es tamaña cobardía atacar de sorpresa a personas que se encuentran trabajando o desarmadas o en pleno ritual religioso. El terrorismo no es una desgracia que se encuentra en una lejana realidad. Lamentablemente, es uno de los signos de esta época. Aún no se han borrado de nuestras mentes las imágenes de los avionazos a las torres gemelas del complejo World Trade Center de Nueva York. Ante ese panorama contemporáneo, no vale ninguna ingenuidad. Es una exigencia aunar esfuerzos internos y externos para afrontar esas amenazas que socavan los principios básicos de la civilización.
Hoy por Hoy 2003/11/21
21 nov 2003 - 05:00 AM