Es entendible que debido a nuestro folclor político e idiosincrasia, no haya nada más importante para este país que la celebración de las elecciones del 2 de mayo de 2004. Allí se decidirá quién gobernará la República en el próximo quinquenio, período que se vislumbra como uno de los más trascendentales, por las perspectivas de alto crecimiento económico y prosperidad para todos sus habitantes. Es importante, por eso, que el sistema democrático se fortalezca y los mecanismos electorales se ejecuten con transparencia. El Tribunal Electoral (TE), a pesar de la crisis de los plásticos y cédulas fraudulentas, refleja credibilidad y es percibido por la ciudadanía como un ente con una actitud independiente. Pero es lamentable que ahora sus magistrados desatiendan lo establecido en el Código Electoral y cedan a los partidos políticos la facultad de aprobar las designaciones de los miembros de la Junta Nacional de Escrutinio. Esta prerrogativa es preocupante porque todo lo que fomenta la partidocracia es negativo, cuando precisamente una de las metas es darle más poder a los ciudadanos y equiparar la beligerancia que tienen los partidos políticos con el resto de la sociedad civil. Es evidente que que con esta conducta parecieran inclinados a ceder a la presión de un grupo de partidos en perjuicio de la sociedad.
Hoy por Hoy 2003/11/23
23 nov 2003 - 05:00 AM