A pesar del ambiente de desasosiego que crea en la comunidad la cantidad bochornosa de escándalos de corrupción que sale a la luz cada vez que figuras de la clase política se lavan los trapos ante la opinión pública, el país entero espera que existan los elementos que permitan la celebración de unos comicios puros y limpios el 2 de mayo del 2004. Frente a este escenario de incertidumbre, llega al país, como un rocío de agua fresca, la iniciativa de los cuatro candidatos de comprometerse, en un ambiente de camaradería y respeto, a la realización de los debates presidenciales en cadena nacional de televisión, y a llevar a cabo una campaña electoral de altura, con responsabilidad y civismo. Con una actitud como esta, no solo muestran el respeto que se deben tener entre ellos sino que ponen de manifiesto la necesaria urgencia de cumplir con un pueblo que se siente abandonado. Por ello, hoy pareciera que se ilumina con una nueva esperanza una contienda de ideas entre gente civilizada, en la que se podrá encontrar el candidato que presente propuestas específicas y no promesas demagógicas. La fiesta electoral del 2004 no tiene por qué convertirse en el talón de Aquiles de nuestro progreso. Todo lo contrario, le corresponde a la clase política hacer lo propio para que la contienda trascienda con madurez. Solo así el país saldrá como un verdadero ganador.
Hoy por Hoy 2003/11/27
27 nov 2003 - 05:00 AM