El trágico suceso en que un estudiante disparó a la cabeza de su profesor porque este último le ordenó colocarse su corbata, no puede ni debe pasar inadvertido. Por el contrario, debe llamar la atención de las autoridades correspondientes para que estas analicen las causas que motivan el aumento de la delincuencia entre la juventud y de su pérdida de expectativas y progreso en la sociedad. Este hecho da cuenta, en primer término, de la proliferación de armas en la sociedad civil. El número de jóvenes con armas es elevado y ello ha posibilitado en más de una oportunidad que los menores concurran armados a las escuelas. Esas armas son adquiridas en un activo mercado negro del cual las autoridades quitan la cara para no darse cuenta. En segundo lugar, los menores parecen ocupar un lugar especialmente preocupante en el cuadro de violencia social que se vive. Un tercer factor es que, los jóvenes que participan en actos delictivos por lo general lo hacen cuando han consumido sustancias tóxicas, situación que los hace perder su sano juicio. Esta serie de elementos señala un perfil de la violencia juvenil que no puede obviarse. Se trata, a veces, hasta de niños de 13, 14 y 15 años, sin la suficiente madurez, pero que delinquen, usan armas y hasta matan. Ante esta realidad, la solución no puede ser la mera represión. Ello exige el despliegue de profundas acciones sociales para lograr que estos menores se conviertan en adultos responsables y en ciudadanos integrados.
Hoy por Hoy 2003/11/28
28 nov 2003 - 05:00 AM