Ya es común señalar que lo único seguro es el cambio. Quienes lo observan desde una perspectiva conservadora, intentando negarse a él, generalmente disfrazan su condición refractaria con una supuesta fidelidad a los principios de siempre. Los beneficios de una actitud hacia el cambio son tan grandes que intentar sustraerse de él sería de una pobreza similar a las condenas de la Inquisición en el medioevo. Lo prudente es entonces atender la clave del éxito y cambiar. Y es que el cambio consiste principalmente en asumir los nuevos tiempos con inteligente apertura de espíritu y conocimiento, para intentar dirigirlos hacia la construcción de un país más justo y equitativo. Porque la verdad es que en el país donde vivimos hay una ausencia de conceptos que inspiran el respeto por los valores cívicos y morales, entre los que es preciso recalcar la transparencia y justicia. Panamá requiere de una participación más comprometida de su clase política. La experiencia histórica nos enseña que los políticos no han sabido por sí solos solucionar los problemas del pueblo; por el contrario, pareciera que los han empeorado, mientras es obvio que se han esforzado por solucionar sus intereses particulares. Y eso hay que cambiarlo. Porque en definitiva, el país está frente a un posible conflicto institucional, pues el poder que emana del pueblo lo deben ejercer los gobernantes por delegación, con moderación y cautela, porque es muy fácil abusar de él.
Hoy por Hoy 2003/12/09
09 dic 2003 - 05:00 AM