Tal como sucedió hace un año, de madrugada y de espaldas a la población, cuando pasó la reforma tributaria a tambor batiente, el Gobierno vuelve a hacer sus navidades y presenta un proyecto de ley de fomento industrial que pretende mantener una historia de 52 años ininterrumpidos de subsidios incoherentes al sector industrial, con muy pobres resultados y enormes distorsiones. Si el Gobierno desea efectivamente promover la actividad industrial con subsidios, lo menos que puede hacer es decirle a la ciudadanía cuánto costarán, quiénes se beneficiarán, qué resultados se esperan en la economía, cómo se afectará el contribuyente ordinario por este privilegio, cómo se le dará seguimiento a los objetivos por los que se otorgan los subsidios, qué clase de transparencia habrá en la información, hasta qué fecha estarán vigentes estos y qué sucederá si no dan resultados, como es evidente que ha sido el caso de los programas existentes desde 1951. Pareciera inagotable la capacidad dadivosa del Gobierno, que con el dinero ajeno dispone hacer cualquier locura con tal de agradecer a los amigos industriales su apoyo por suscribir el año pasado la reforma tributaria, y endosar este año la campaña política del oficialismo. Si el pueblo no le pone coto a este asunto de inmediato, la fiesta del clientelismo político y la corrupción no acabará nunca.
Hoy por Hoy 2003/12/12
12 dic 2003 - 05:00 AM