Esta semana se cumplieron 55 años desde que las naciones del mundo conjugaron sus voluntades para producir un documento en el que se consagraran los derechos fundamentales del individuo: la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Era el cierre de una época difícil; tiempos de guerra, violaciones atroces de los derechos humanos, degradación de la dignidad humana a su mínima expresión. Sin embargo, en esos momentos de adversidad, la Declaración se elevó como faro de esperanza para la humanidad. Quedó atrás el siglo más violento de la historia, pero hoy enfrentamos nuevas amenazas, cuando parte importante de la población mundial aún no tiene acceso a alimentos, salud, trabajo y educación. Panamá, país de grandes desigualdades, es muestra evidente del camino que aún nos falta por recorrer en materia de reconocimiento de los derechos humanos. Aún persisten el trabajo infantil, el hacinamiento en las cárceles, el maltrato familiar, la desigual distribución de la riqueza, la extrema pobreza, la discriminación contra la mujer, la marginación de los indígenas, la falta de acceso a información, el favoritismo judicial, entre otros. El Gobierno y las autoridades correspondientes tienen la obligación de garantizar los derechos humanos, de lo contrario, se pone en peligro el bienestar de los ciudadanos y, en muchos casos, sus propias vidas.
Hoy por Hoy 2003/12/13
13 dic 2003 - 05:00 AM