La exoneración pública que la presidenta Mireya Moscoso hizo a favor del Ministerio de Obras Públicas por el derrumbe de un muro que sepultó a tres menores es un exabrupto y una burla al sentido común. Ya no interesa conocer cuáles serán los resultados que arrojará la investigaciones de la comisión designada por el MOP, si la jefa del Ejecutivo ya dictó sentencia en este caso. ¿Desde cuándo la presidenta tiene dentro de sus facultades la administración de la justicia? Levanta sospecha la velocidad con que la mandataria exige responsabilidad a la empresa constructora y releva de cualquier culpa al MOP. Su conducta resulta inaceptable y viola el debido proceso. No es más que un reflejo de su soberbia y de su actitud de acumular poder, característica de una mandataria que sin mayor reparo interviene en los asuntos de competencia exclusiva de otros órganos del Estado, especialmente del aparato judicial al que mantiene secuestrado. Salta a la vista la posición cómoda que han asumido los cuatro aspirantes al solio presidencial quienes guardan silencio cómplice frente al evidente exceso de poder que ejerce la señora presidenta y que pone en riesgo al país. La comunidad está indignada por la ausencia de seriedad y por la ligereza con que las autoridades han manejado el desplome del muro en el Corredor Norte. Primero fue el Arco Chato y se desconoce si hubo sanciones contra quienes actuaron de manera negligente. Ahora se desmorona una tapia, y todos se preguntan, ¿cuál será el próximo acontecimiento trágico que nos espera, como consecuencia directa de la falta de prevención que ha sido la tónica en las actuaciones de este Gobierno?
Hoy por Hoy 2003/12/19
19 dic 2003 - 05:00 AM