Adormecidos por décadas de discursos que ubicaban allende de nuestras fronteras a los responsables de la pobreza y el subdesarrollo, los latinoamericanos hemos despertado para afrontar una verdadera pesadilla: los culpables de nuestros males no solo están entre nosotros, sino que ocupan, gracias a nuestros votos, las posiciones de liderazgo en la sociedad. Incubados por la cultura del saqueo, la tolerancia con la deshonestidad, la idiosincrasia del irrespeto a las leyes, el concepto del ‘estado botín’ y el criterio de la justicia selectiva, los Fujimori, Color de Mello, Salinas de Gortari, Menem, Serrano, Cedrás, Bucaram y González Macchi del continente han florecido y se han multiplicado. También lo han hecho, no obstante, las posibilidades y mecanismos para que los ciudadanos conozcamos - y condenemos- las inmoralidades de los gobernantes y para que el órgano judicial castigue sus ilegalidades. Ahí está la condena de Arnoldo Alemán para la muestra. La certeza del castigo para todos aquellos que incurran en actos de corrupción es la única posibilidad que tenemos los latinoamericanos de liberarnos del círculo vicioso que nos lleva a elegir personajes que se proyectan como héroes y abandonan sus cargos como bandidos. ¡Ya basta de confiar en los atajos para la supuesta prosperidad, que caudillos de todos los estilos y épocas siguen proponiendo! El único camino para el bienestar social es el largo y tedioso fortalecimiento del estado de derecho.
Hoy por Hoy 2003/12/24
24 dic 2003 - 05:00 AM