Hoy es día de esperanza para los panameños. Con la celebración de la Navidad, todos nos olvidamos, aunque sea por momentos, de los problemas nacionales y nos concentramos en los asuntos más importantes de la vida del ser humano, como son la familia, la amistad y la solidaridad. Esta época es propicia para la reflexión, tanto de gobernantes como de gobernados, y en esta ocasión es oportuno concentrarse en reflexionar acerca de qué clase de país queremos tener. Los altos índices de pobreza y desigualdad son injustificables, la tasa de desempleo es preocupante, los valores éticos y morales parecen estar en último plano para los panameños y nuestro sistema de educación -que es la única salida del subdesarrollo- deja mucho que decir. Ante este panorama, la clase política, que debiera servir de ejemplo y guía para todos, está sumida en una de sus peores crisis. Hagamos un alto en el camino y recordemos que mientras muchos disfrutan en estas fiestas de los banquetes, la música, los regalos y la alegría de la fiesta en familia, existen otros panameños para los que es solo un día más en la tristeza del abandono, la miseria o la enfermedad. Aunque los tiempos sean difíciles y todo se vea nublado, sin objeto y sin fin, hay que tener esperanza. Un país es lo que son sus ciudadanos, por lo que dependerá de todos proponernos un mejor mañana y mostrarle a nuestra niñez que sí hay esperanza. ¡Feliz Navidad!
Hoy por Hoy 2003/12/25
25 dic 2003 - 12:00 A M
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