Con la llegada del fin de un año escolar, nuevamente la realidad nos refleja un déficit que provoca llantos por los fracasos tanto del estudiantado como de las propias autoridades. Ni siquiera en medio de una contienda politiquera, los candidatos presidenciales han tenido la responsabilidad para recordar que nuestro sistema educativo tiene desde hace muchos años serias deficiencias y muchas asignaturas pendientes. La educación panameña tiene un balance histórico que refleja una creciente disparidad y desigualdad de oportunidades y muestra un serio desfase con los programas de países desarrollados. De nada sirve que se modernicen y reformen las instituciones, si no ofrecemos una buena educación para los habitantes. Resulta claro, entonces, que será imperativo para poder enfrentar los retos del futuro el desarrollar políticas efectivas para la educación, con visión de futuro, así como sistemas de acreditación y evaluaciones de calidad. El sistema educativo nacional debe basar su existencia en la integración, capacitación y desarrollo de aptitudes y talentos, y no en el peso de su estructura burocrática. Pero ante todo, la educación deber ser un tema en que los panameños tenemos que ponernos de acuerdo, por encima de las diferencias políticas, por nuestro futuro como nación.
Hoy por Hoy 2003/12/29
29 dic 2003 - 05:00 AM