La corrupción y sus efectos sobre la vida social y las finanzas públicas es una de las preocupaciones dominantes de la ciudadanía. Es por eso que el discurso del candidato presidencial Ricardo Martinelli, de acabar con los corruptos, cae como un balde de agua refrescante en medio de una campaña electoral carente de propuestas creíbles. Martinelli, predicando con el ejemplo, es el único de los cuatro candidatos que ha publicado la lista de donantes, que ha señalado acabar con la política de chequera de Taiwan, y se ha pronunciado a favor de que se investigue hasta la última consecuencia al ex presidente Pérez B. por enriquecimiento injustificado. Además, consecuente con la percepción de la ciudadanía, ha presentado una plataforma anticorrupción a Transparencia Internacional y ha señalado que los mayores bolsones de corrupción se visualizan entre los funcionarios allegados al gobierno, los políticos en general y el Organo Judicial. Es cada vez más evidente, por esto mismo, que la corrupción es una causa importante de malversación de fondos públicos y una traba para el buen desempeño del país. Se trata de un cáncer que deteriora la confianza de la población en las instituciones públicas y estimula la falta de respeto a las normas y valores sociales. De hecho, la percepción de que la corrupción reina en el gobierno es cada vez mayor, por lo que la gravedad del fenómeno y sus consecuencias reafirman lo indispensable de contar con propuestas que promuevan el debate serio y no demagógico, de forma que el próximo presidente esté comprometido con una justicia absolutamente independiente de los demás poderes, de manera que se pueda extirpar el tumor maligno de la corrupción que tanto agobia a este país.
Hoy por Hoy 2004/01/12
12 ene 2004 - 05:00 AM